¡Fuera el imperialismo yanqui de Latinoamérica!
El imperialismo yanqui, encabezado hoy por Donald Trump, ha lanzado una ofensiva colonialista que tiene como su punta de lanza el genocidio palestino a manos de su Estado de ocupación sionista. Sin embargo, el imperialismo quiere más y ahora está apuntando a Venezuela y Colombia con el portaaviones más poderoso del mundo. Y es que, como bien dijo Lenin, el capitalismo en su fase de decadencia imperialista no puede generar otra cosa que más crisis, guerras pero también revoluciones.
Ya el 2019, durante la primera presidencia de Trump, EEUU amenazó con intervenir sobre Venezuela, frente a lo cual advertimos que “es evidente que existen condiciones para un golpe militar contra Maduro, la marcha reaccionaria del 23 de enero es prueba de ello. Sin embargo, la mayoría de oficiales de Venezuela se declaran ‘aún fieles’ a Maduro. EEUU amenaza, entonces, con la invasión militar, sin embargo esta opción podría contar con mucho menos respaldo. El ‘Grupo de Lima’ se ha pronunciado en contra, por ejemplo”.
No obstante, hoy las condiciones son distintas, no solo porque la propia oficialidad chavista está mostrando sus fisuras, sino porque Maduro se encuentra más aislado que nunca a nivel político, con Rusia ocupada en su propia guerra e Irán cercada por Israel. Así, las posibilidades para una invasión yanqui sobre Venezuela e incluso Colombia son hoy más elevadas que en aquel entonces, lo que no significa que un pacto de rendición de última hora entre Trump, Maduro y Petro no se llegue a producir.
De hecho, Maduro lo ha ofrecido casi sin disimulo, emulando a China que ya acordó con Trump el saqueo de sus materias primas a cambio de una pequeña reducción arancelaria. Petro, por su parte, sigue por lo bajo vendiendo carbón a Israel. Así, en los gobiernos “progresistas” de las burguesías nativas no podemos confiar jamás, ya se entregaron al imperialismo como semicolonias e incluso estarían dispuestos a ser cómplices de gobiernos abiertamente coloniales siempre y cuando se les garantice una pequeña tajada de la plusvalía extraída por las transnacionales.
Aquí las únicas fuerzas verdaderamente antiimperialistas son las masas obreras y campesinas que deben autoorganizarse, armarse y confiscar fábricas y tierras para hacer frente a cualquier agresión militar tanto externa como interna. Evidentemente sería ultraizquierdista no apoyar militarmente al gobierno de Maduro o de Petro si estos ofrecen una resistencia real contra una eventual invasión yanqui. Sin embargo, esto no debe implicar ninguna clase de apoyo político, ya que son gobiernos antiobreros que deberán ser derrocados a su debido momento para que la lucha contra EEUU tenga éxito.
Así, solo con la revolución socialista internacional y la dictadura del proletariado, se podrá no solo evitar que Sudamérica sea esclavizada sino también se podrá acabar con el hambre que sufren las masas bajo distintos modelos de capitalismo que en países quebrados como Bolivia muestran hoy su verdadero rostro reaccionario. El “socialismo del siglo del XXI” impulsado por los bolivarianos resultó una farsa más de la historia para engañar al proletariado y evitar su desarrollo político independiente. Sin combatir esta farsa no se podrá vencer jamás al imperialismo norteamericano, europeo o japonés.
Las masas explotadas de todo el continente, desde Canadá hasta Tierra del Fuego, deben movilizarse de inmediato en contra de los crímenes y amenazas del imperialismo. Hay que transformar la guerra de ocupación colonial en guerra civil revolucionaria por el verdadero socialismo. Frente al colaboracionismo de los reformistas hoy más que nunca debemos reimpulsar la refundación de la Cuarta Internacional.