Frente al triunfo de Lula y del Partido Liberal: movilización obrera contra el capital
En 2016, la mayoría parlamentaria destituyó del Ejecutivo a Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), quedando en el cargo su vicepresidente Michel Temer. Luego de las elecciones en Brasil del 2022, en las que el PT regresó a la presidencia con Lula da Silva, Jair Bolsonaro intentó un golpe de Estado junto a algunos mandos militares. Tres años después, el artífice del golpe terminó encarcelado y ahora su hijo, Flavio Bolsonaro, compitió para las presidenciales contra Lula.
Los resultados en la primera vuelta impusieron a Bolsonaro sobre Lula, asegurando que el Partido Liberal obtuviera la mayor bancada que alcanzara un partido único. A pesar de esto, Lula da Silva volvió a ser elegido presidente por un cuarto mandato.
El Partido de los Trabajadores, del exsindicalista Lula, vuelve a encabezar un gobierno, pero esta vez, marcado por la mayor presencia parlamentaria que haya tenido el bolsonarismo. Y con estos resultados se nos quiere hacer creer que los trabajadores obtuvimos una victoria sobre las fuerzas reaccionarias y golpistas. Hay que estar demasiado embriagados de presidencialismo para no darse cuenta del desgaste irremediable del PT y del avance de la burguesía más reaccionaria en Brasil.
Lula ya adelantó que “no hay más adversarios” en lo que hasta ayer denominaba como la “barbarie” frente a la democracia que dice defender. Esta democracia, como hemos visto, no es más que una careta que encubre hasta la fecha, a las fuerzas que han pretendido destruir los rezagos parlamentarios y con los que Lula se comprometió a “trabajar”. Es ilógico pensar que una victoria en las urnas le cierre el paso al golpismo, cuando un golpe militar es precisamente el desconocimiento de las elecciones, es la irrupción violenta de las resquebrajadas instituciones, el triunfo del golpismo no es obtener la mayoría en una papeleta electoral, sino contra ella.
Lula va quemando los últimos cartuchos que le queda, su subordinación a la intromisión yanqui no cambia por llamarle asociación. “Queremos asociarnos con las empresas estadounidenses, con las empresas chinas, con las empresas francesas, con las empresas alemanas”, declaró. Es evidente que Lula en el plano internacional es un sirviente más del imperialismo y sus transnacionales que están ahora acabando con el pueblo palestino. Por supuesto que la justicia brasileña hace su parte, porque mientras el Tribunal Regional Federal de la 3ª Región suspendía el caso contra Lula, condenaba a Zé Maria por declaraciones contra el genocidio yanqui sionista en Palestina, mientras a Bolsonaro padre se lo arresta en su domicilio y el hijo fuga a EEUU en las narices de Lula. Así están las cosas, esta es la victoria que aclama el reformismo en todas sus plataformas, como nuevo escenario descubierto para su “disputa hegemónica”.
La vicepresidencia de Geraldo Alckmin, del Partido Socialista Brasileño y promotor empresarial, es parte de los pactos que se avecinan en los márgenes de maniobra que se van estrechando para el gobierno del PT. Miembros del partido de Lula ya habían señalado la necesidad de “moverse al centro” para la segunda vuelta. Si algo ha sabido hacer Lula es “negociar” con el “centro” para mantenerse gobernando, hasta que estuvo en prisión, para luego entregarle ministerios al partido de la gente que lo había encarcelado. Lo más probable es que veamos una serie de nuevas alianzas que fortalezcan el ataque a las masas trabajadoras y el encarecimiento del costo de vida.
Lula ni siquiera puede garantizar que los condenados que intentaron darle un golpe en 2023 estén encarcelados. El Congreso ya promulgó beneficios a los golpistas sobre el veto de Lula, mientras este solo apeló a apoyar la reelección del presidente en la Cámara de Diputados, Hugo Motta (Republicanos), y en el Senado, de Davi Alcolumbre (União Brasil); es decir, estos mismos que con la promulgación de su “Ley de la Dosimetría”, reduciría la condena de Jair Bolsonaro de su arresto domiciliario (régimen cerrado) acelerando la posibilidad de un régimen semiabierto.
De esta forma, el pacto con la burguesía está completamente sellado, lo que deja a los millones de trabajadores que creyeron en el PT de Lula totalmente a los pies de un régimen que sirve a las fracciones más golpistas y entreguistas de la burguesía brasileña. La responsabilidad de esta traición recae directamente en los dirigentes políticos de los trabajadores que vienen prometiendo reformas y democracia en un régimen que ni siquiera con su nueva jornada implementada de 5×2 podrá mejorar las condiciones de un país con prácticamente 80% de hogares endeudados en la banca y sus tasas de interés cerca del 14% (considerada de las más altas de la región). De hecho, el sector financiero cosecha anualmente unos progresivos dividendos que ponen a Brasil como líder regional de las ganancias bancarias. Esto es lo que también ha dejado los anteriores gobiernos del PT.
Lo único que demuestra esta izquierda reformista y su celebración por el triunfo del PT es su abierta vocación hacia los regímenes bonapartistas, sin importarle que en estos se encubre a las fracciones más reaccionarias del régimen y su aparato militar-policial. De esta manera, el reformismo ha pavimentado el camino para el advenimiento de las más sanguinarias dictaduras en América Latina. Su rol fundamental, de preservar al régimen burgués, ha sido cumplido en esta ocasión, infundiendo al proletariado la confianza en las elecciones y el pacifismo en las movilizaciones.
Es necesario formar un verdadero partido de los trabajadores, que haga consciente a las masas empobrecidas de que sus reales demandas chocan directamente con la persistencia del régimen de explotación capitalista, que sus necesidades más elementales no pueden ser satisfechas bajo instituciones que sirven directamente a los intereses de la burguesía. El camino para derrotar a los golpistas siempre estará en las calles y la única manera de garantizar que la reacción no ataque es con la conquista de la dictadura del proletariado sobre la base de la alianza obrera y campesina, trayendo abajo estas instituciones burguesas y poniendo en pie sus propias instituciones de clase. Esta obra solo podrá gestarse con la unidad de los demás trabajadores del continente americano y las rebeliones abiertas por la juventud proletaria europea. Necesitamos refundar nuestro verdadero partido mundial: La cuarta Internacional.