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ARGENTINA: ¡ABAJO EL GOBIERNO PATRONAL DE MILEI!

En la historia moderna de Argentina solo ha habido gobiernos al servicio de la patronal, pero nunca uno tan descaradamente servil como el del economista vulgar Javier Milei. Su triunfo electoral muestra simultáneamente la fuerza y debilidad de un sistema económico en decadencia.  

Efectivamente se tiene que reconocer que su triunfo refleja una derechización amplia no solo de las clases medias sino incluso de elementos del mismo proletariado argentino. No obstante, la responsabilidad de este retroceso no se las puede atribuir únicamente al peronismo inflacionario, sino deben ser señaladas también las direcciones reformistas que, de forma directa o indirecta, vienen sosteniendo el régimen bonapartista semiparlamentario que impera en la Argentina.  

El 2001 las masas revolucionarias tumbaban gobiernos mientras la economía quebrada no encontraba salida. Luego, el castrochavismo jugó su rol, como en toda América Latina, conteniendo el proceso revolucionario en desarrollo, llevándolo a su desgaste y aborto. El peronismo cumplió, entonces, su rol al servicio del mismo sistema que con vehemencia defienden hoy los “libertarios”.

En todo este proceso, los dirigentes del Frente de Izquierda y de Trabajadores (FIT), pudieron haber organizado a las masas para retomar el camino revolucionario evitando que demagogos como Milei sean vistos como una salida frente a la debacle peronista. Sin embargo, se dedicaron casi exclusivamente a la lucha parlamentaria, dejando lo extraparlamentario en segundo plano y siempre engrilletándolo en los marcos de una constitución burguesa decimonónica.

Oportunidades de lucha hubo, como el reciente conflicto en Jujuy, sin embargo, nuevamente se optó por el discurso electoral, en lugar del llamado al armamento y derrocamiento del poder establecido. No debemos olvidar que la guerra revolucionaria en Siria, por ejemplo, fue despreciada por estos reformistas como una guerra de “bandas burguesas”, desentendiéndose de toda acción de apoyo y coordinación internacional. Tampoco podemos olvidar como llegaron hasta a votar leyes sionistas “por descuido”.

Este parlamentarismo vulgar, apoyado teóricamente en una mezcla imposible entre las ideas del leninista Trotsky y el estalinista Gramsci, es uno de los factores clave que explican el desencanto de la pequeña burguesía con la lucha del proletariado y su giro sostenido a la derecha, giro que explica a su vez el triunfo electoral de un fanático del lucro como Milei. Sin embargo, se debe tener en cuenta que esta situación todavía no es equivalente a la que condujo al triunfo del fascismo en Italia o Alemania.

Para ser exactos, Milei y su improvisado séquito partidario, no son fascistas, sino defensores de un plan económico de choque con los métodos policiacos del bonapartismo. Milei no es la cabeza de un movimiento de milicias fascistas ni tampoco pretende desconocer el rol de las Fuerzas Armadas argentinas. Más bien, su discurso antidemocrático abre el camino para una nueva dictadura militar, es decir, para un régimen bonapartista puro, no fascista. Así, su movimiento se asemeja más al de Trump en EEUU, o Bolsonaro en Brasil, que al de las milicias neonazis de Grecia o Ucrania.  

Estas conceptualizaciones no son un asunto menor, ya que sabemos cómo Stalin usó su definición vulgar del fascismo para generar confusión en la vanguardia proletaria internacional. Trotsky combatió esto, pero los seguidores de Moreno en Argentina siguen etiquetando de fascista a cualquier político burgués que defienda sin escrúpulos al capital o se incline abiertamente ante la corona británica. Hoy, falsos trotskistas en Argentina han usado esta confusión para llamar a votar al peronismo contra la supuesta amenaza fascista que representaría Milei.

Aquí la única salida a la crisis no es llamar a votar en las urnas burguesas, sino llamar a combatir en las calles hasta abrir la revolución de los explotados. Las asambleas piqueteras deben volver, los paros, huelgas y cortes de ruta deben ser organizados de inmediato. Se deben constituir comités de lucha y también de autodefensa que los protejan, y se debe llamar a centralizar todas estas fuerzas en un gran Congreso de todos los explotados, para oponerlo al Congreso patronal donde los reformistas del FIT conviven pacíficamente con nuestros verdugos.

Este es el camino revolucionario que debe abrirse en Argentina y que debe conectarse desde el primer momento con las luchas del proletariado en América Latina y todo el mundo. Solo con la revolución socialista mundial, se podrá conquistar y sostener el poder del proletariado; solo con los métodos revolucionarios y no con los métodos parlamentarios, es que se podrá vencer al imperialismo y el capitalismo.

¡POR UNA VERDADERA LIGA OBRERA TROTSKISTA EN ARGENTINA!

¡POR LA REFUNDACIÓN DE LA CUARTA INTERNACIONAL!

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