You are here
Home > MEDIO ORIENTE > Túnez: el estallido de los hambrientos

Túnez: el estallido de los hambrientos

A 10 años del estallido de la revolución del Magreb y Medio Oriente, la juventud proletaria de Túnez vuelve a las calles enfrentando el hambre ahondado por las medidas de confinamiento del presidente Saied y de todo el régimen. Estas nuevas protestas y las de la región demuestran indiscutiblemente que la revolución árabe iniciada a fines de 2010 y principios de 2011 aún sigue viva en la juventud explotada. Sobre esta se han vertido traiciones, masacres, frentes populares, golpes militares y guerras para evitar que el proletariado revolucionario tome el poder en sus manos.

Luego de que cayera la dictadura de Ben Alí, la crisis económica y política no se ha detenido, la juventud sigue desemplea y las masas hambrientas, y es que la “libertad política” no ha terminado en absoluto con la miseria. La “democracia” y la Asamblea Constituyente no han sido más que una máscara que la burguesía ha utilizado para perpetuar su régimen de saqueo y explotación. Durante diez años el régimen de los capitalistas ha demostrado su incapacidad de satisfacer las más elementales demandas. Desde Nidá Tunis, el “Congreso para la República”, los socialdemócratas de Ettakatol, los islamistas de Ennahda hasta los estalinistas del Frente Popular, luego de la revolución tunecina han venido sosteniendo un sistema que explota a los trabajadores y hambrea al pueblo pobre y que para respetar este orden necesita imponer el brazo militar del bonapartismo.

Ya el 2016 las fuertes protestas tomaron las calles nuevamente cuando un joven muriera electrocutado en una manifestación junto a miles de desempleados. La chispa de la revuelta volvió a encenderse, la juventud incendió comisarías e instituciones públicas y el gobierno se vio obligado a declarar el toque de queda en la mayoría de las regiones. Ahora las protestas estallaron luego que, por causa de la pandemia, el gobierno prolongara el toque de queda durante el aniversario de la revolución del 2011 y ante el repudio que generó el ataque de la policía a un campesino en Siliana que hizo recordar la inmolación de Mohamed Bouazizi. La juventud no soporta más la humillación y la opresión del régimen contra los pobres.

La manifestación llegó hasta la Asamblea mientras el parlamento iniciaba una cuestión de confianza a los once nuevos ministro propuestos por el Primer ministro Hichem Mechichi. La policía tuvo que intervenir con una fuerte represión que no tiene nada que envidiarle a la dictadura de Ben Alí. Al grito de: “El pueblo quiere que sea disuelto el Parlamento”, “abajo el régimen”, “libertad para los prisioneros”, “no a la marginación de los barrios populares”, la juventud cansada de las maniobras políticas de los partidos del parlamento se enfrentó a la represión en la capital y en otras regiones del país. Estos enfrentamientos terminaron con la vida de un joven provocando mayores protestas que fueron nuevamente reprimidas por la policía asesina.

Son cientos los detenidos por estas nuevas manifestaciones, muchos de ellos son menores de edad, esto nos da la perspectiva de un gran futuro de lucha. El bonapartismo en Túnez solo ha cambiado de nombre tras la caída de la dictadura. El régimen sigue imponiendo la represión a las masas en favor de las potencias. Aquí los intereses de los capitalistas se disfrazan con frases en apoyo a la “democracia” o como diría Macron al llegar a Túnez: “sostener la transición democrática”. Esta farsa es mantenida por la burguesía francesa y norteamericana que no tienen ningún reparo en proteger las dictaduras sanguinarias en la región como en Siria. La verdadera democracia implicaría que la nación oprimida rompa con la subordinación a la potencia francesa logrando su verdadera independencia nacional, estas tareas democrático-burguesas deben combinarse con la lucha por el socialismo contra el capitalismo.

Por el contrario, enfrentados a esta estrategia revolucionaria tenemos a los morenistas de la LITCI diciendo que: “los derechos democráticos se conquistaron en un nivel satisfactorio” tras la caída de la dictadura como parte de una “revolución democrática” victoriosa y que ahora seguiría la etapa de la revolución proletaria o como lo han expresado: “La toma del poder por la clase trabajadora” para resolver “las contradicciones sociales y económicas” que produjeron la revolución del 2010 condenada por estos falsos trotskistas como una “rebelión inédita”. Esta es otra forma de plantear una revolución intermedia o por etapas del estalinismo. La revolución de la juventud en Túnez es la revolución proletaria, esta es la única que puede cumplir los objetivos democráticos realmente.  La revolución permanente consiste justamente en que los objetivos de la revolución democrática burguesa serán cumplidos por la dictadura del proletariado en alianza con el campesinado pobre del país oprimido. El régimen burgués no puede cumplir esta tarea democrática, no puede romper los pactos que subordinan a Túnez a la potencia francesa, no puede romper los tratos comerciales y las deudas con el FMI y las potencias mundiales que después de la revolución ascendió del 43% del PIB en 2011 a más del 80% en el 2020.

Al igual que estos, los mandelistas de la Liga de la Izquierda Obrera miembros del llamado Frente Popular junto a los estalinistas sostienen la dictadura burguesa formando parte del “Bloque Democrático” en la Asamblea de Representantes y que junto a la mayoría que representa Ennahdha acaba de otorgar la confianza a los nuevos ministros de Mechichi donde se encuentra Ridha Ben Mosbah, ex ministro del derrocado Ben Alí. Estos siguen legitimando el parlamente burgués que cuenta con la presencia de seguidores y funcionarios del régimen de la dictadura.

Pero, además de la traición de estos reformistas, las masas tienen a la cabeza a la UGTT, reconocida mundialmente con el Premio Nobel de la Paz por negociar la conciliación del proletariado hambriento y la nueva dictadura burguesa en 2011. Los dirigentes del mayor sindicato en Túnez ya han llamado a cesar las protestas nocturnas en los barrios denunciando los ataques al dominio público y privado, la violencia y los saqueos protagonizadas por la juventud desempleada que enfrentan la represión del régimen. Estos miserables buscan defender la propiedad privada de los capitalistas mientras el proletariado muere de hambre. También se han asegurado de que en medio de la pandemia los trabajadores del sector salud “suspendan todo tipo de protestas” por sus miserables condiciones laborales.

El proletariado árabe no se ha rendido

Aquí tenemos una revolución viva que intenta ser frenada con las restricciones de la cuarentena que pedían todos aquellos reformistas que nos acusaban de sectarios y ultimatistas, pero que ayudaron a los capitalistas a engañar a la clase obrera. Los revolucionarios podemos seguir viendo a los hechos de frente, con la juventud tunecina y del Magreb y Medio Oriente que combate en las calles levantando barricadas en pleno toque de queda, organizándose en la clandestinidad cuando está prohibido las reuniones públicas en todo el planeta. La burguesía intentó aplacar la furia del proletariado con la cuarentena, pero la crisis del hambre y el desempleo impulsa a los trabajadores a tomar nuevamente las calles, el proletariado sabe abrirse paso en medio de la militarización mundial, encuentra el camino para no ser aplastado, pelear y conseguir victorias.

La juventud siente la confianza en sus fuerzas tras haber derrocado a la dictadura de Ben Alí, por otro lado, el ejército busca imponerse a través del régimen y acabar con la vanguardia que ha despertado con esta revolución. El proletariado aún conserva la enorme experiencia de lucha del 2011, este factor ha demostrado su importancia en el desenvolvimiento de nuevos alzamientos revolucionarios cuando las masas son arrinconadas por el hambre que impone la cuarentena. Sin embargo, el reformismo mundial que se esfuerza en contener la lucha y llama a las masas a “pelear” por la cuarentena. Las consecuencias de esta política son ya innegables: más hambre y más represión.  Solo quien cuida los intereses de la burguesía puede recomendar al proletariado la cuarentena para así evitar el colapso de los hospitales desmantelados por los privatizadores de la salud y sacar a las masas de las calles impidiendo la lucha revolucionaria contra el régimen que nos mata de hambre.

Esta revolución debe avanzar, para esto es necesario agitar tácticamente las consignas democráticas que demandan las masas del Túnez proletario y oprimido combinándolas con medidas transitorias del proletariado hambriento que enfrenten directamente al capitalismo. Se debe pelear por una verdadera Asamblea Constituyente ligada a la real independencia del yugo de Francia, el capital norteamericano y las deudas de las potencias europeas. En el desarrollo de la lucha democrática el proletariado debe formar organismos tipo soviéticos que servirán para que las masas desborden el programa democrático. Esto va a depender del desarrollo del ritmo de la lucha, actualmente el bonapartismo se sostiene en medio de una crisis económica y política, el ritmo es lento pero el proceso sigue vivo. Se debe exigir a las direcciones del proletariado que rompan su vínculo con la burguesía tunecina en el gobierno burgués poniendo los organismos del proletariado en guardia para la lucha contra el régimen.

La expropiación de la banca, cadenas de supermercados y hospitales privados son necesarios para cumplir con las demandas elementales de los hambrientos. La juventud proletaria debe ponerse en guardia y prepararse para la lucha violenta contra la burguesía. La “revolución pacífica” es un engaño y un insulto a nuestros mártires, el régimen militar estará dispuesto de derramar la sangre del proletariado para defender la explotación capitalista, a las masas solo les queda armarse para defenderse y avanzar. El proletariado sabrá agitar consignas para ganarse a los soldados rasos partiendo la estructura militar en que se sostiene el régimen. La unidad con los trabajadores que combaten en toda la región es necesaria para vencer, la revolución árabe no ha sido derrotada mientras la juventud siga levantando barricadas en El Líbano, Yemen, Argelia, etc. Reavivando este movimiento podremos saldar cuentas con el genocida Al Assad y enfrentar al Estado yanqui sionista de Israel en la lucha por una por una Federación de Países Socialistas del Magreb y Medio Oriente con ayuda del proletariado francés que tiene en la juventud de los barrios de París y en los Chalecos Amarillos a su vanguardia.

Los fines democráticos de la nación oprimida serán conseguidos como subproducto de la revolución socialista. Los partidos reformistas en todas sus tendencias se enfrentan a esta estrategia planteando un régimen diferente entre la dictadura de la burguesía y la del proletariado. Estos reformistas que capitularon a la cuarentena de la burguesía son el principal obstáculo dentro de las filas del proletariado para desarrollar la lucha revolucionaria. Los trotskistas debemos pelear por refundar la Cuarta Internacional, como partido de la vanguardia proletaria mundial.

 

No widget added yet.

Top