You are here
Home > Uncategorized > El grito del sur de Italia: los hambrientos llaman a la rebelión

El grito del sur de Italia: los hambrientos llaman a la rebelión

La mayoría de las corrientes del movimiento proletario mundial se han apoyado en las huelgas del norte de Italia para justificar la capitulación a la cuarentena militar burguesa; así, han extendido ese llamado a todo el planeta frente a los intereses de la burguesía para proseguir con sus negocios. Sin embargo, sobre el levantamiento proletario del sur de Italia contra esta cuarentena criminal han callado en todos los idiomas. Ahora veremos las verdaderas razones de esta discriminación.

La explosiva miseria y desigualdad del sur

El país más afectado de Europa por la pandemia es indudablemente Italia. Y precisamente aquí es donde se ha levantado el grito de rebelión contra la cuarentena militar. Por un lado, hasta el momento se han registrado más de 27 mil muertes en el país, la cifra de contagiados no puede saberse con certeza en la medida que no hay una aplicación absoluta de las pruebas que confirmarían los diagnósticos, pero sabemos que han llegado a los 201 505  casos confirmados y que ascienden diariamente. Esto arroja una cifra de 13% de letalidad (muertos/contagiados) y alrededor de un 0,05% de mortalidad (muertos/población), en un país de más de 60 millones de habitantes.

Entre los factores que influyen en la muerte de los casos confirmados se encuentra la eficiencia y cobertura del sistema de salud. Al respecto, 37 millones de euros se recortaron en la última década para el sector, producto de la crisis del 2008. El porcentaje de camas hospitalarias se redujeron en un 20% del 2006 al 2017, esto implicó una pérdida de alrededor de 70 mil camas en un decenio, es decir, más del doble de la cantidad de fallecidos por la pandemia. Se cerraron varios centros de atención y departamentos en los hospitales; sin contar en cada situación con la desigualdad en el acceso a la salud que perjudica a los sectores más desposeídos.

La desigualad aumentó del 31,7% en 2010 al 33,1% en 2016. Tras las reformas laborales, ha aumentado el empleo temporal y parcial precarizando más la vida del proletariado según cifras del Eurostat (2016). Solo basta mencionar que el 10% de la población más pobre de Italia disponía de 1,8% de los ingresos nacionales, mientras que el 10% más rica, del 24,4%[1].

A esto se suma la diferencia notable entre el norte y el sur del país. El norte ha venido exigiendo de Roma más independencia y con el triunfo del “SÍ” en el referéndum del 2017 que les da más autonomía, el presidente de Lombardía pretende “atraer empresas reduciendo impuestos y creando empleo”. Esta fuerza industrial busca imponerse a un sur más atrasado y con mayores tasas de desempleo juvenil luego que el gobierno prolongara la edad de jubilación en el país. La cifra de paro en el sur triplica al norte (19,4% y 6,9% respectivamente). El PIB per cápita en el norte llega a los 35.000 euros mientras que en el sur apenas a los 18,500 euros[2].

La desigualdad se hace más profunda en la propia región sur. Así tenemos que, sobre una base del 20% más rico y su contraparte más pobre, el primero recibe 6,5 veces más ingresos que los segundos. Esta cantidad de veces es mayor al promedio italiano (5,8) y al europeo (5,2), según señala la estadística Linda Sabbadini en base a los datos del Banco de Italia[3].

Estas cifras han marcado el escenario para que terminen estallando las protestas en el sur hambriento. Allí, las tres cuartas partes son trabajadores en negro, sin ninguna posibilidad de obtener la más mínima migaja del gobierno burgués y ahora algunos sobreviven de la caridad. Ellos no pueden gozar de los beneficios que tendría una reducida capa de obreros cuando exige quedarse en su casa con su salario asegurado, incluso suponiendo que esto sea posible conseguirlo sin luchar en las calles rompiendo con la cuarentena.

Un pacto con la burguesía contra los trabajadores

De hecho, existe una aristocracia obrera representada por la dirigencia de la CGIL, CISL y la UIL que ya ha suspendido la manifestación nacional planeada para el 1 de mayo en Padua (Véneto)[4]. Esta histórica capitulación no puede ser olvidada por el proletariado explotado de todo el mundo. Los demás dirigentes del proletariado mundial se preparan para hacer lo propio en sus países entregando dócilmente a los trabajadores a sus verdugos. Este año el proletariado no pasará revista a sus filas, como lo proclamara Engels: poniendo a los proletarios en pie de guerra como un solo ejército mundial. Este año los reformistas capitulan ante la cuarentena burguesa.

Lo que se han encargado de pedir estas burocracias es la ayuda del gobierno para sostener esta cuarentena. Y vemos que la propia burguesía no está tan alejada de estos propósitos: “Es algo que Italia ya ha hecho antes. Es una contribución de solidaridad de las clases más pudientes a las más pobres. En tiempos como estos hay quien no es capaz de comer ni de sobrevivir, y hay quien está bien” señala el Pardito Democrático que en coalición con el Movimiento 5 Estrellas sostienen al gobierno. No hay peor reformista que el que demanda aquello que la burguesía está dispuesta a entregar a las masas para evitar las insurrecciones.

Sin embargo, el máximo temor de la burguesía en Italia fue justamente lo que viene ocurriendo, que sus limosnas no consigan calmar al proletariado hambriento. Al grito de “¡Basta de estar en casa, no tenemos dinero para pagar, tenemos que comer!” se llevaban los alimentos de los supermercados sin pagar y la policía tuvo que intervenir. El alcalde de Palermo, Leoluca Orlando apunta que el incremento de las familias que viven en el desamparo fue de 600 a 2 200. El presidente de la región de Campania, Vicenzo De Luca, dijo: “A veces se trata sólo de garantizar el pan a esta pobre gente“. Frente a esto el gobierno ha respondido con una  “una estrategia general para proteger la legalidad“. La ministra del Interior, Luciana Lamorgese manifestó que: “Las dificultades de las empresas y el mundo del trabajo podrían ir acompañadas de tensiones serias que pueden hacerse eco, por un lado, del resurgimiento de tipos de delitos comunes y la aparición de brotes de expresión extremista”.

Cuanto más cerca se siente del abismo, la burguesía aterrada afloja más con la mano izquierda su riqueza acumulada, mientras que con la derecha se previene con la militarización más estricta. Por esta razón el primer ministro Giuseppe Conte declaraba que “El problema no es salir de la crisis, sino hacerlo cuanto antes”, el ministro para el sur Peppe Provenzano advertía: “Atentos al sur, puede explotar. Hay que actuar rápidamente, está en riesgo el mantenimiento de la democracia. Hay que extender la renta de ciudadanía”, la ministra de Políticas Agrícolas de Italia Teresa Bellanova añadía: “Hay guetos llenos de trabajadores llegados del sur del mundo que trabajan en nuestro campo en negro.  Allí está creciendo la rabia y la desesperación”, y en el sur, el regidor de la capital siciliana denunciaba a los “profesionales de la protesta que promueven acciones violentas”.

Sin duda, no hay mayor favor que hace el gobierno a los explotados que incitar a la rebelión del proletariado a través de sus acciones. Las condiciones del capitalismo son lo suficientemente miserables para motivar la insurrección de las masas hambrientas, pero por el contrario vemos a los reformistas tratar de disipar el fuego revolucionario que podría encenderse entre los más explotados, pidiendo un “necesario” confinamiento para no morir por la pandemia como si no estuviéramos muriendo hace ya tiempo por accidentes laborales, enfermedades curables o guerras reaccionarias.

El regreso a la “normalidad” capitalista

La cuarentena iniciada el 9 de marzo y que llegaría progresivamente a su fin el 4 de mayo, provocó los llamados a la rebelión en el sur y el saqueo en los supermercados que son fuertemente resguardados ahora. Pero la Confindustria (patronal italiana) había demandado en abril el inicio progresivo de las actividades en un documento enviado al gobierno italiano. En este se señala un plan para dividir a los trabajadores en grupos de edades, donde los más jóvenes empezarían a trabajar además de que la reactivación de la actividad económica debería empezar por el sur del país.

En el mismo mes los principales sindicatos del país se reunieron con la patronal y luego de una larguísima entrevista, el secretario general de la UIL dijo que: “El objetivo es restaurar gradualmente la producción y la economía del país, respetando la seguridad y la salud de los trabajadores, jubilados y todos los ciudadanos.”[5] Así es como la burocracia luego de pedir la cuarentena terminó expresando nuevamente los intereses de la burguesía italiana.

Pero para completar el cuadro del reformismo veremos a continuación un documento publicado por la FT-CI y su grupo simpatizante italiano FIR, ellos dicen:

Cuando llegó [la pandemia], en forma mayoritaria [los gobiernos] terminaron aplicando cuarentenas generalizadas, sin testeos masivos ni ampliación de la capacidad hospitalaria, transformando el necesario “aislamiento social” en parálisis productiva y del comercio mundial, caídas bursátiles y de los precios de las materias primas. Un hundimiento económico sin precedentes. Hay también gobiernos que se opusieron a medidas de aislamiento social o las tomaron muy limitadamente con el único fin de preservar las ganancias del capital, a costa de aumentar el contagio y provocar miles de muertes adicionales.

Es innegable que con ese “necesario ´aislamiento social`” nos han puesto la soga al cuello. ¿Acaso no imaginaban lo que esto traería consigo? Más adelante nos darán noticias al respecto. Pero por ahora podemos decir que esto solo puede justificar a gente que supone que la democracia burguesa sirva también a los intereses más profundos del proletariado. Luego para terminar su labor de capitulación pasan a criticar a los gobiernos que no aplicaron debidamente a tiempo el “necesario” aislamiento:  

Las grandes patronales y sus gobiernos están aprovechando la crisis para multiplicar despidos, cierres de empresas, suspensiones con rebajas salariales, mayor precarización y cambio en las condiciones de trabajo. Miseria y hambre para miles de millones. Frente a esta realidad, está surgiendo en diversos países otra “primera línea” de luchas obreras y populares, anticipando lo que vendrá cuando pasen los picos de la pandemia y emerjan sus consecuencias sociales, políticas y económicas. Los escribas de la burguesía alertan sobre “insurrecciones” y “revoluciones” de la clase trabajadora y el pueblo. […] Convocamos por esto [de forma virtual], a organizar y ampliar la “primera línea” que se prepare para que esas luchas, que se multiplicarán, puedan triunfar.”[6]

En primer lugar, es impensable no suponer que una cuarentena, en una sociedad dirigida por la burguesía, sea en interés de esta misma, es decir, para garantizar su seguridad y sus ganancias ante todo y primero que nada. Ante esto aparece en el escenario, no previsto quizás por su política del “necesario aislamiento”, “otra” línea de batalla. Es decir, han cambiado los bandos en esta lucha. La lucha ahora es contra el virus en primer lugar y, en segundo lugar, contra la burguesía. ¡De ninguna manera! La única forma de enfrentar esta pandemia eficazmente es acabando con la burguesía en primerísimo lugar, y la realidad muestra lo necesario de esta tarea. Lo que ellos reconocen como la inicial e indiscutible “primera línea” refiriéndose a los trabajadores de la salud, abastecimiento y aseo urbano, etc. debe ser una línea de lucha en las calles contra la burguesía, una sola lucha de todo el proletariado.

Ahora, las voces del sur de Italia que han salido llamando a la rebelión no están esperando “las consecuencias sociales” de la pandemia. Lo que hacen es reclamar lo que ya ahora es urgente para ellas y millones de proletarios en el mundo. Lo evidente, y que es ocultado por esta corriente reformista, es que esos llamados son contra la cuarentena. No protestan por el escenario futuro de crisis luego del pico de la pandemia, lo hacen por la crisis generada por la cuarentena misma (reconociendo en esta la política práctica de la burguesía). Mientras la FIR se encargaba de exigir el confinamiento apoyándose en el norte de Italia, el sur estallaba en las narices de su política de expandir la cuarentena burguesa al proletariado mundial. Para finalizar, como es consecuencia lógica de su política, esta corriente ya ha suspendido las manifestaciones por el 1 de mayo reemplazándolas por un “acto” virtual.

El motor de la Historia no se detiene por la pandemia

La lucha de clases, algunas veces velada, se exacerba en épocas de crisis. Los intereses de clase ponen a cada uno en su lugar y el proletariado más explotado se alza contra las imposiciones que lo arrojan a la profunda miseria. Llega el momento en que la situación pone los intereses del proletariado al límite y este escoge pelear antes que morir de hambre. Esta es la realidad que empezó a abrirse paso en el sur de Italia, impuesta por una cuarentena que le ha quitado el pan a los explotados. Un padre de familia de esta región dice: “Mi hija está comiendo un pedazo de pan con Nutella. Si en unos días mi hija no puede comer este pedazo de pan, haremos la revolución.”

El interés entre el bienestar de la sociedad y las ganancias de la burguesía están en total contradicción bajo el capitalismo. “El capitalista lucha por su ganancia, el obrero por su salud” decía Engels, ¿cómo puede haber una cuarentena sin abusos, cuando la existencia de clases sociales supone, bajo el capitalismo, los irreconciliables intereses opuestos de estas? Que la burguesía no solo abuse del proletariado, sino que florezca necesariamente sobre la desdicha y salud de este es inevitable. Por lo tanto, su situación como dirigente de la sociedad está comprometida justamente por su imposibilidad de traer el bienestar social, así leemos en el Manifiesto Comunista:

[La burguesía] no es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia, ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta tal punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad.

Si la condición de supervivencia del proletariado le ha sido impuesta por su condición social de asalariado frente a la burguesía, entonces, esta realidad no puede cambiar sin acabar con esta forma de explotación asalariada sobre las masas laboriosas. No se pueden remediar los males productos del capitalismo sin acabar con el capitalismo, todo lo que resta es charlatanería o moralidad hipócrita.

Una crisis no detiene la lucha de clases, por el contrario, la agudiza, muestra a los partidos de las diferentes clases sociales en sus verdaderas posiciones de acuerdo con sus determinados intereses. La burguesía, a través de su Estado, despliega su política imponiendo, en mayor o menor medida, una cuarentena militarizada en nombre de la salud mundial; sin embargo, el proletariado ha sufrido infinidad de epidemias y masacres que lo llevan a la tumba repentinamente. Al capitalista no le importa la vida de los trabajadores en tanto tengan fuerzas para mover sus máquinas, por tal motivo, esa estrategia para afrontar la pandemia es una más de sus hipocresías.

Cuando la burguesía tenía sus negocios en disputa durante las Guerras Mundiales, ella no tenía el absoluto interés de poner en cuarentena a “sus combatientes”. Los soldados morían de epidemias en el frente y la burguesía recogía el botín sobre los cadáveres de proletarios infestados de cólera, tifus o la llamada “gripe española”. Las potencias ocultaban los datos de estas pandemias para no detener de ninguna forma el conflicto iniciado por ellas, esto podría exacerbar más a los proletarios de todo el mundo y convencerlos de la infamia a la que fueron arrojados por sus patrones. Y ahora vemos a la burguesía, en estos tiempos, preocuparse por la salubridad del mundo. La clase que nos ha llevado al exterminio con dos guerras mundiales e infinidad de masacres y epidemias quiere “protegernos” y su método es la cuarentena militar.

Ante la pandemia, casi la totalidad de partidos reformistas han recomendado, pedido o hasta exigido al Estado burgués la cuarentena obligatoria que en su mayoría ya ha impuesto la propia burguesía sin necesidad de sus consejeros de izquierda. Dejaremos de lado aquí la ilógica posibilidad de una cuarentena total que algunos han llamado estúpidamente a realizar. Lo que tenemos que decir aquí es que una cuarentena, en el sentido verdadero y eficaz, resulta irreconciliable con los métodos de lucha del proletariado para liberarse. O, mejor dicho, el confinamiento niega lógicamente la política práctica del proletariado. De esta manera, la posición levantada por el reformismo representa su situación social, la de la aristocracia obrera que semejante en su forma de vida al pequeñoburgués y no al proletariado explotado, traiciona los intereses de las capas más explotadas del proletariado en las metrópolis del capitalismo, para no mencionar a los parias de las colonias y semicolonias.

A continuación, veremos cómo los reformistas planean seguir con “la lucha revolucionaria” en el marco de la cuarentena burguesa a la que le han capitulado.

La cuarentena imaginaria del reformismo

Un sector de reformistas exige una cuarentena, pero con beneficio social, con rostro humano. Estos, bulliciosos en tiempos de paz para hablar de socialismo, ahora callan en tiempos de crisis cuando precisamente se hace más necesario que nunca la revolución socialista. ¡Han puesto la revolución en el congelador! Exigir una cuarentena sin hambre al gobierno es pedirle a la burguesía que, bajo sus métodos, alivie el clamor popular.

Una cuarentena bajo el Estado burgués y los consejos de estos reformistas implica, para el proletariado, el encierro en sus miserables viviendas, si es que las tienen, y atarle las manos para pelear. ¡Es inaceptable! Nos han matado de hambre y de innumerables enfermedades y epidemias durante décadas. La burguesía no nos protege, se protege ella misma que bajo su condición privilegiada puede soportar una cuarentena sin trabajar al igual que la pequeña burguesía acomodada y una ínfima aristocracia obrera. El proletariado en negro de Italia y los millones de desempleado en el mundo, no. ¡Nuestros hijos tienen hambre!

El gobierno, con el encierro obligatorio, le tira la responsabilidad de una cuarentena a los trabajadores, hace que la paguen con sus limitados recursos, sobrendeudándolos o dándoles por adelantado sus pensiones. Es decir, que el pueblo trabajador (ahora sin posibilidad de trabajar) asuma la crisis mientras se otorga jugosas sumas del fisco para salvar a las grandes empresas, además de favorecerlas con flexibilidad para despedir y precarizar trabajadores. Así, el gobierno los obliga a asumir la responsabilidad de una crisis que la burguesía no puede resolver y nunca quiso prevenir, como el colapso del sistema de salud en Italia.

Para un asalariado la cuarentena es negarle el derecho al trabajo esclavo y su posibilidad de rebelarse contra esa esclavitud. Pero el reformista agacha la mirada y sabe que tiene que pedirle las migajas de la plusvalía al patrón para tranquilizar el hambre de la población. Al respecto Lenin nos enseñaba:

Se comprende que si se destacan estos problemas relacionados con el gasto de sumas insignificantes (en comparación con la masa total de plusvalía y con la suma total de gastos estatales de la burguesía) que la propia burguesía accede a entregar con destino a la sanidad pública (Engels señalaba en El problema de la vivienda que las epidemias contagiosas en las ciudades asustan a la propia burguesía), […] en la esfera de problemas tan menudos es posible perorar acerca de la “paz social”, de los efectos nocivos de la lucha de clases, etc.[7]

 

Que los reformistas se ocupen de regatearle a la burguesía sin decir media palabra de la propiedad privada. ¡Que satisfacción sentirá el pueblo al saber que su miseria puede ser progresivamente resuelta!, tan agradecidos estarán con estos reformistas por revelarles que no es necesario enfrentar el gobierno en esta crisis, que ¿para qué hablar de lucha de clases?, si la tarea es unirse como país para enfrentar la crisis, o mejor dicho, para salvar al capitalismo de la crisis que inevitablemente produce, ¿para qué la revolución social, si solo basta con votar delegados obreros al parlamento y ampliar los programas sociales para mitigar la miseria?

Todas estas exigencias se vuelven más reaccionarias en la medida que la propia burguesía puede acceder a cumplirlas sin desbaratar ninguno de sus negocios fundamentales como el sector financiero, sin tocar las bases económicas del capitalismo ni la estructura del Estado burgués y que hasta ella misma pretende hacer: “¡Extender la renta ciudadana!” (hasta que nadie pueda rebelarse, debería terminar esta proclama), y a la que el reformista añadiría: “Y que sea lo más pronto posible”. Claro, esto será conseguido al margen de la lucha, sin levantamientos ni insurrecciones. Esta es la expresión más cínica del pacifismo o la absoluta conciliación de clases del “socialismo” pequeñoburgués que se reduce a pedirle migajas a la burguesía.

De igual forma, otra matiz del reformismo proclama la necesidad de expropiar a la burguesía, de tomar bajo control obrero las industrias y hasta de tener un plan de lucha que le arrebate a la burguesía los recursos, pero con el objetivo de conseguir una perfecta cuarentena. ¿Si el proletariado dispone de fuerzas para conseguir todo esto, entonces, por qué se le insta a permanecer en cuarentena? ¿No deberíamos pelear para conseguir la dictadura del proletariado? Si el proletariado tiene la suficiente fuerza para expropiar a la burguesía, que avance a la revolución socialista, esto implicaría romper con la cuarentena impuesta por su enemigo de clase. ¿Acaso los bolcheviques no tomaron el poder con la Revolución de Octubre en medio de la Primera Guerra Mundial y de epidemias donde muchos revolucionarios perecieron?

Lo peor de todo es que, a diferencia de esas epidemias que enfrentaron los bolcheviques, el COVID-19 afecta sobre todo a los ancianos y enfermos crónicos, quienes podrían ser aislados en los edificios expropiados a la burguesía dejando libre a la juventud para trabajar y luchar, pero los reformistas le ocultan esto al proletariado.

¿Y qué pasa con el proletariado que ya está en cuarentena? ¿Debe salir a pelear o quedarse en su casa? ¡Que salgan a pelear! exige el reformista, pero por una “cuarentena digna”. ¡Fabulosa receta! Esto ya es como despertar a alguien para darle sus pastillas que necesita tomar para dormir. Todo un avance en la táctica.

¿Con qué medios se debe luchar?

Las corrientes reformistas han optado por no hablar abiertamente de esto, se han cuidado en algunos casos de ya no llamar “a las calles” como les era habitual y otros terminan en simples abstracciones inútiles como: “Es necesario dar una respuesta de lucha”, “es necesario un Plan de Emergencia Anticapitalista”. Sin embargo, de forma descarada o encubierta apoyan la cuarentena burguesa. No cuestionan el uso de la cuarentena, solo ponen en cuestión que esta sea abusiva o que no se cumpla realmente: ¿pudo haber sido, bajo el capitalismo, de otro modo acaso? A ellos les preguntamos ¿con qué medios debemos luchar?

Engels nos enseñaba: “Las libertades políticas, el derecho de reunión y de asociación y la libertad de prensa, éstas son nuestras armas. Y ¿deberíamos cruzar los brazos y abstenerse cuando se quiere quitárnoslas?

Y cuando los reformistas exhortan al obrero a tomar consciencia y partido por esta consigna, este se pregunta: ¿cómo consigo no morirme de hambre en cuarentena? Tendremos que preguntarles a estos reformistas cómo se consigue que un soldado gane una guerra (de clases) sin ir al combate y sin sus armas. Pues bien, el proletariado no puede entregar sus armas políticas pasivamente al gobierno burgués a cambio de una falsa protección. La única forma que el proletariado se proteja es con sus armas en la mano.

Hay que decirlo claro: nuestros reformistas recomiendan la abstención de la lucha revolucionaria, no salir a las calles y resguardarnos en nuestras pocilgas, ¡Ah, pero con el 100% del salario! Lo que quieren es una suspensión perfecta de la revolución.

Reiteramos: ¿cómo quieren que el proletariado consiga esos beneficios tan ostentosos en cuarentena? Ni en tiempos de “tranquilidad” el proletariado ha podido conseguir nada sin pelear en las calles.

Otros dicen: “¡Que sean los obreros los que impongan la cuarentena!” y, ¿acaso eso no sería posible únicamente sacando del poder a la burguesía? ¿Acaso la acción política del proletariado no rompe con la condición de cuarentena? O se pelea en las calles por esas demandas o se acata la cuarentena burguesa. Que nos expliquen nuevamente estos reformistas ¡¿cómo puede pelear el proletariado en cuarentena?!

Estar en contra de la cuarentena burguesa no es estar contra la ciencia médica, es ponerla al servicio de la clase en ascenso. Todas las medidas sanitarias necesarias pueden ser realmente efectuadas con eficacia solo si se le quita el control de la sociedad a la burguesía y para esto el proletariado necesita abrir la revolución socialista. 

Es así como, mitigado por las fuerzas represivas, el proletariado necesita la libertad, no porque este sea su objetivo abstracto. Como decía Lenin: “nos interesa la libertad para la lucha, y no la libertad para la felicidad filistea.” El proletariado necesita salir de la cuarentena burguesa, tomar las calles y pelear por sus demandas. Esta es la única forma de salvar la vida de los más vulnerables del pueblo pobre. Solo así tendremos oportunidad de desplegar un plan realmente eficaz para cuidar de los nuestros. Y es que entre la cuarentena y la revolución existe una contradicción esencial que ningún reformista puede reconciliar.

La revolución como salida de emergencia

Quizás parezca que la discusión gira en torno simplemente a “los medios” de lucha del proletariado. Pero no, solo nos hemos visto obligados por el reformismo a voltear la mirada para ver el charco en el que navega y en el que tan vulgarmente se ancla.

Nuestra labor como revolucionarios es denunciar incansablemente las bases materiales que ponen a la mayoría del planeta en la peor situación durante la pandemia, dejar claro que las medidas que ha tomado el gobierno no son de ninguna manera en beneficio del pueblo explotado, que la burguesía ofrece un plan para salvarse según sus intereses de clase, que la pequeña burguesía más arruinada del campo y la ciudad y el proletariado tendrán que pelear, que los obreros más explotados siguen moviendo las fábricas arriesgando sus vidas no para las necesidades de su clase y del pueblo pobre, sino para el enriquecimiento del monopolio de los supermercados y las farmacéuticas y la burguesía transnacional bancaria.

El proletariado revolucionario tiene que avanzar ya a la revolución socialista mundial, guiando a las masas hambrientas al único camino que resolverá su situación a costa de los parásitos capitalistas, aquellos que hoy se enriquecen con la necesidad de los oprimidos y nuestros enfermos.

Los gritos de Italia se van sintiendo en todo el mundo, el hambre del proletariado y la militarización del planeta pueden impulsarlo al combate, disponerlo para la lucha revolucionaria. Así en los suburbios de París, los barrios de Colombia y de Sudamérica, etc. ya han empezado a romper la cuarentena y a exigir alimentos. Ese es el camino que debe abrirse paso y los revolucionarios debemos empeñarnos en abrirlo con toda profundidad a pesar de los reformistas y contra ellos. Para esta tarea necesitamos refundar nuestro partido mundial: La Cuarta Internacional.

El grito del sur de Italia no hace más que refrescar en la cabeza de quién había olvidado que el proletariado se encuentra subyugado a las inclemencias de la naturaleza y las fluctuaciones del mercado. A este sucio rincón lo ha llevado la burguesía y no le queda nada más que pelear para salvarse de la ruina y con ello salvar a la humanidad, pero antes tiene que sacudirse el polvo reformista que pretende nublar su visión.

¡ESTE PRIMERO DE MAYO: ROMPAMOS LA CUARENTENA Y GANEMOS LAS CALLES!


Notas

[1] http://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/economia/2018/04/22/crisis-economica-aumenta-desigualdad-en-europa_b3d2658c-eb2c-496e-b6a2-651a1bddb8dd.html

[2] https://www.abc.es/internacional/abci-norte-y-italia-mundos-diferentes-201804010155_noticia.html

[3] https://www.lastampa.it/cronaca/2016/12/17/news/sempre-peggio-al-sud-la-crisi-ha-cancellato-il-lavoro-1.34757516

[4] https://www.uil.it/NewsSX.asp?ID_News=12521&Provenienza=1

[5] https://www.uil.it/NewsSX.asp?ID_News=12615&Provenienza=1

[6] https://www.lavocedellelotte.it/2020/04/28/in-prima-linea-perche-i-capitalisti-paghino-per-la-crisi-pandemica-e-le-sue-brutali-conseguenze/

[7] Lenin, Obras Completas, Ed. Progreso t. 16, p.359

No widget added yet.

Top