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Frente a la pandemia del coronavirus: ¡Abajo el lucro con la salud!

Hace tiempo que el capitalismo ha transformado a la salud en un jugoso negocio. Grandes laboratorios farmacéuticos, seguros de salud y clínicas privadas se vienen enriqueciendo en todo el mundo sobre la base de precios de monopolio, exoneraciones tributarias, el recorte del presupuesto público y la explotación de sus trabajadores. Para los grandes capitalistas las epidemias y los desastres no son un flagelo sino una oportunidad para la inversión y la especulación.

Es por esta razón que la clase trabajadora sigue sufriendo y muriendo en los hospitales incluso por enfermedades que tienen cura. Hace varias décadas que el proletariado viene siendo víctima de decenas de pandemias como la tuberculosis, infecciones respiratorias o estomacales, infartos, SIDA, accidentes de trabajo o de tránsito, enfermedades laborales o crónicas, drogadicción o demencia, etc. Todos los años mueren prematuramente millones de trabajadores en todo el mundo como consecuencia directa de su pobreza y malas condiciones de trabajo mientras una minoría de privilegiados tiene acceso a los mejores servicios de salud. Una nueva pandemia como el coronavirus, solo se suma a la larga lista de enfermedades y accidentes que amenazan diariamente la vida de la mayoría de la población mundial.

¿Por qué entonces los gobiernos capitalistas están, recién ahora, preocupadísimos por la salud pública, tomando las medidas más drásticas? La razón es simple: el coronavirus también afecta a los ricos. En América Latina esta distinción entre enfermedades para todas las clases y enfermedades para los pobres se ha manifestado de forma brutal en la distinta actitud tomada frente a la epidemia del dengue, una enfermedad propia de zonas tropicales marginales. Según la propia Organización Panamericana de la Salud, América Latina sufre desde el año pasado la peor propagación de dengue de su historia con millones de infectados y miles de fallecidos de todas las edades. Sin embargo, esto no ha motivado ninguna respuesta inmediata ni radical por parte de ningún gobierno latinoamericano conduciendo incluso al colapso de los hospitales como ha sucedido en Perú, sin que el gobierno del empresario Vizcarra haga absolutamente nada al respecto.

Está claro, entonces, que la pandemia del coronavirus es solo una causa de muerte más para los pobres, pero una verdadera novedad para los ricos y solo por esta razón es que está acaparando tan desproporcionada atención. ¿O acaso no es una emergencia continental que en menos de un año ya hayan fallecido miles de trabajadores por causa del dengue? ¿Acaso no se sabe que esto se debe a las pésimas condiciones de vida y de salubridad que sufren millones de personas condenadas a sobrevivir en los márgenes de la civilización? ¿No está claro que la solución de emergencia para impedir más muertes por esta enfermedad está en las medidas económicas más radicales? Sin embargo, los grandes empresarios que controlan los gobiernos de todo el mundo no están dispuestos a perder un solo dólar ni por el dengue ni por el coronavirus y por esta razón incluso en Italia, si bien se ha declarado la cuarentena, las fábricas siguen operando a pesar de poner en riesgo la salud de millones de trabajadores y en países como Perú el gobierno ya prepara una norma para dar “vacaciones adelantadas” a los trabajadores de las empresas que paralicen sus actividades.

Por otro lado, no solo los monopolios comerciales, acaparadores y especuladores se están aprovechando de la situación de pánico creada por la pandemia sino también los propios gobiernos capitalistas que están sacando al ejército a las calles con el pretexto de la cuarentena, que como ya se preveía no se aplica a los trabajadores que producen las ganancias de los grandes parásitos de la sociedad capitalista.  Es decir, se está prohibiendo no solo actividades educativas o artísticas y la venta ambulatoria de la que viven millones de proletarios, sino también toda reunión, protesta o movilización obrera y esto la burguesía lo está imponiendo con la fuerza de las armas que monopoliza. ¿No es acaso esto la dictadura perfecta? ¿No ha encontrado la casta de oficiales burguesa, genocida y corrupta, la excusa perfecta para “suspender” los derechos democráticos más elementales e imponer su abierta dictadura contrarrevolucionaria? Los dirigentes obreros que están apoyando estas medidas e incluso están exigiendo la “cuarentena total” no hacen más que demostrar nuevamente su servilismo miserable frente a una realidad que justifica desesperadamente la necesidad de protestas, movilizaciones, ¡de revoluciones!  

¿De qué otra manera podría, entonces, el proletariado mundial salvarse de esta y de todas las pandemias que lo matan todos los días, sino es expropiando sin pago a los capitalistas de la salud, a los bancos y a las transnacionales? ¿O acaso debemos confiar en que sean los gobiernos capitalistas los que tomen estas medidas radicales contra el capital? Por su parte, los trabajadores del norte de Italia están haciendo paros espontáneos rechazando seguir exponiendo su salud en sus centros de trabajo, sin embargo, ¿podría triunfar esta lucha sin una huelga general? ¿Y una huelga general podría triunfar sin la derrota y el desarme de la policía y las fuerzas armadas que protegen al gobierno de la patronal? Es imposible, sin revolución no habrá ninguna medida realmente efectiva contra ninguna pandemia. Se nos pide lavarnos bien las manos pero en las villas, favelas, comunas y asentamientos humanos de América Latina no hay agua. Sin revolución, la salud seguirá en manos de los capitalistas y los trabajadores seguirán muriendo en hospitales colapsados a causa de nuevas o viejas enfermedades.

¡La solución está en la revolución! ¡La cura está en la acción política del proletariado! ¡Las medicinas, los alimentos, el dinero, el agua, están allí, en manos de los grandes capitalistas! ¡Han vivido en el lujo y despilfarro por décadas, frente a esta emergencia mundial deben ser expropiados ya! ¡Esta es la verdadera medida de emergencia que deben tomar los trabajadores! Los trabajadores deben salir a las calles a luchar contra sus gobiernos, así como hicieron los obreros rusos y europeos frente al hambre y las enfermedades impuestas por la primera guerra mundial. ¡Ni las huelgas ni la revolución pueden ser postergadas! Solo con la dictadura revolucionaria del proletariado, poniendo todos los recursos al servicio de las necesidades sociales y no del lucro burgués será posible acabar con las pandemias, el hambre y todos los males que sufre la humanidad trabajadora. En el socialismo mundial está la solución a todos estos problemas. Para lograrlo, los revolucionarios debemos unir fuerzas y avanzar en la refundación de nuestro partido  mundial, la Cuarta Internacional. No hay otro camino ni salvación posible.

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