You are here
Home > FRANCIA > El papel del reformismo en Francia

El papel del reformismo en Francia

Desde fines del año pasado se vienen desarrollando en Francia una serie de luchas de los sectores más explotados del proletariado y la pequeña-burguesía. Este movimiento de los “Chalecos Amarillos” tiene su origen en las provincias del interior del país pero ha logrado llegar a la capital poniendo en crisis al gobierno de Emmanuel Macron. Sin embargo, las distintas direcciones reformistas de las masas están conteniendo su lucha, impidiendo su desarrollo revolucionario.

Estalinistas y socialdemócratas

El principal partido obrero reformista de Francia es el viejo Partido Comunista Francés (PCF). Como todos los partidos reformistas, el PCF tiene como base social a la burocracia sindical y a la aristocracia obrera, es decir, a ese grupo minoritario de obreros que ganan mucho más que el promedio y tienen un nivel de vida y una mentalidad totalmente pequeño-burguesa. El PCF todavía ejerce su influencia en la Confédération Générale du Travail (CGT) y desde allí impone a las luchas obreras una política de conciliación de clases que ha garantizado la estabilidad de los distintos gobiernos burgueses de turno.

A los estalinistas del PCF se han unido en diferentes frentes, a lo largo del tiempo, una serie de agrupaciones reformistas de perfil socialdemócrata. Sin embargo, hay que aclarar que el viejo “Parti Socialiste” (PS) del  ex presidente François Mitterrand, no es un partido obrero reformista, es desde hace ya tiempo un partido burgués de izquierda. Por lo tanto, la fracción de Jean-Luc Mélenchon, separada del PS el 2009, es también una fracción burguesa de izquierda. En este sentido, la unidad electoral entre partidos obreros como el PCF y el grupo de Mélenchon es parte de una política de Frente Popular, es decir, de unidad contrarrevolucionaria entre obreros y capitalistas “democráticos”.

Frente al movimiento de los chalecos amarillos, en un inicio estalinistas y socialdemócratas intentaron tacharlo de “fascista” debido a la presencia de simpatizantes del partido derechista de Le Pen. Luego, mostraron su “apoyo” rechazando, sin embargo, toda unidad de acción con el movimiento obrero ocupado y sindicalizado de París. Posteriormente se vieron forzados a convocar una “huelga general” en febrero, pero impidiendo su debida organización. Esta coalición reformista se viene oponiendo a la caída de Macron y abiertamente ha condenado la violencia defensiva ejercida por los Chalecos Amarillos. Como representantes de la aristocracia obrera social-imperialista, estos partidos han jugado entonces un papel abiertamente contrarrevolucionario.

Las “figuras” del movimiento

En un comienzo, una de las principales limitaciones del movimiento de los Chalecos Amarillos impuesta por el reformismo fue la falta de delegados votados por sus bases. Esto permitió que aparecieran en los medios de comunicación burgueses una serie de personajes que han sido proclamados o se han autoproclamado voceros de los Chalecos Amarillos.

En primer lugar, tenemos a Pierre-Jean Chalençon, herrero de profesión. Se trata de un personaje sin aparente pasado político pero con una ideología clara, cercana al partido derechista de Le Pen. Esto se puede constatar en su plataforma programática elaborada para su candidatura en las elecciones europeas de mayo con la lista “Evolución Ciudadana”. Junto con su islamofobia y su llamado a la expulsión a los trabajadores inmigrantes, este derechista plantea que Francia “debe hacer realidad un capitalismo de rostro humano”. Y si bien ha llamado a la caída del primer ministro de Macron, ha propuesto que sea reemplazado por el general en retiro Pierre de Villiers.

En una línea política similar, Jean- François Barnaba de la lista “Amarillos y Ciudadanos” finalmente depuso su candidatura y se adhirió al partido del derechista FlorianPhilippot, antiguo lugarteniente de Marine Le Pen.

Otro personaje mediático es el joven activista Maxime Nicolle (“Fly Rider”), que si bien ha rechazado ser parte de alguna lista, tiene un discurso anti-inmigrante similar al de Chalençon. Lo curioso es que el régimen ha lanzado ahora contra el movimiento a los soldados de la Operación Centinela, que fue lanzada tras los atentados del año 2015. Así vemos como toda política anti-terrorista termina siempre siendo dirigida contra la lucha de las masas.

Asimismo Nicolle ha sido uno de los principales impulsores del “Referéndum de Iniciativa Ciudadana” (RIC): “Más guerra de ego, más guerra de poder, con el RIC, nadie tiene el poder, es la población entera que tiene el poder”. De esta forma, Nicolle idealiza este mecanismo circunstancial de la democracia burguesa.

Por su parte, el cantante Francis Lalanne presentó su propia lista a las elecciones europeas (“Alianza Amarilla”), sin embargo, así como sucedió con la lista de Chalençon, no recibió la votación mínima necesaria para obtener escaños. En un inicio la enfermera Ingrid Levavasseur se unió a la lista de Lalanne pero la abandonó luego de ser duramente criticada por algunos manifestantes. Lalanne ha confesado que su campaña fue financiada por el empresario y político “ecologista” Jean-Marc Governatori. Su discurso se enmarca dentro de la conocida demagogia social-liberal francesa.

Otro “vocero” de los Chalecos Amarillos es el profesor JoséEspinosa. Él ha llamado a votar abiertamente a la “Francia Insumisa” de Mélenchon a la que define como “un movimiento pluralista que comprende ecologistas, socialistas, comunistas, republicanos. Un movimiento construido por decenas de millares de no partidarios, de personas sencillas que son la imagen del movimiento de Chalecos Amarillos”. Su discurso se ubica por tanto dentro de la política contrarrevolucionaria de Frente Popular que ya señalamos.

Otra “representante” del movimiento es Jacline Mouraud. Bajo un verso pacifista, ella se ha opuesto tajantemente a la salida de Macron: “Mi vídeo partió del hartazgo con la persecución del automovilista en Francia, y ahora algunos piensan en derribar un Gobierno. Va de un extremo a otro. La gente no razona convenientemente”.

Finalmente, tenemos a Éric Drouet. Con un discurso lo suficientemente abstracto como para ser invitado a unirse al partido de Le Pen o de Mélenchon, Drouet ha procurado conservar su “independencia” política. Sin embargo, ha contribuido también a mantener al movimiento marcando el paso en la exigencia de dimisión de Macron, sin plantear la necesidad del armamento y de la puesta en pie de un congreso de todos los explotados, las dos consignas revolucionarias centrales de la actual situación de transición en Francia.

Las Asambleas de Asambleas

Un paso adelante en la autoorganización de los Chalecos Amarillos ha sido sin duda la convocatoria de las llamadas Asambleas de Asambleas (“Assemblee des Assemblees”, ADA). Sin embargo, aquí también vemos la nefasta influencia del reformismo al interior mismo de este organismo de la democracia obrera.

La primera ADA se realizó los días 27 y 28 de enero, contando con la participación de delegados de asambleas locales de todo el país. En la misma hubo una resistencia,por parte de algunos de delegados, de tomar decisiones argumentando que no tenían la potestad para hacerlo: “tenemos dos, tres, diez años para la revolución y nos tomaremos el tiempo debido”. Sin embargo, finalmente la mayoría determinó elaborar una declaración que sintetice sus principales conclusiones y demandas. En esta se evitó denunciar a la extrema derecha después de su agresión a militantes del “Nuevo Partido Anticapitalista” (NPA). Asimismo se rechazó criticar a los autoproclamados líderes del movimiento.

Si bien esta declaración recoge las demandas básicas del movimiento (la dimisión de Macron, el aumento de salarios, más salud, educación, etc.) y denuncia el racismo y el sexismo, presenta una serie de importantes limitaciones. Su demanda económica es abstracta: “erradicación de la miseria bajo todas sus formas”. No se plantea la necesidad de la expropiación sin pago y bajo control obrero de sectores clave de la economía francesa, de los bancos o de las grandes empresas energéticas responsables de la contaminación ambiental. Tampoco se plantea la necesidad de organizar comités armados de autodefensa, a pesar del aumento de los heridos y detenidos. No se plantea el contacto con los soldados rasos. La declaración tiene por tanto un claro perfil pacifista.

Su principal limitación es, sin embargo, su rechazo a constituir un órgano de centralización permanente de las luchas. Bajo el verso de evitar la “burocratización” se rechaza la elección de delegados con mandato de base que coordinen las acciones del movimiento y constituyan un órgano permanente de poder proletario. La idea de un comité, consejo o congreso de todos los explotados fue excluida. La ADA fue vista más como un organismo consultivo que resolutivo y ejecutivo. Considerando esto, las consignas democráticas válidas de la declaración (RIC, Asamblea Constituyente), se convierten en un freno democrático-burgués para el desarrollo de la dictadura del proletariado.

Y si bien la declaración reconoce la igualdad independientemente de la nacionalidad, carece de alguna mención a la actual opresión colonial de Francia en el mundo. Tampoco se hace mención a la revolución ucraniana, árabe, o latinoamericana o la necesidad de una lucha mundial contra el capitalismo. Esta declaración tiene, por tanto, una lamentable estrechez nacional.

La segunda ADA se realizó los días 5, 6 y 7 de abril y en su declaración final sí se señala que “conscientes de que tenemos que combatir un sistema global, consideramos que se deberá abandonar el capitalismo”. Sin embargo, se mantienen las otras limitaciones que hemos indicado para la primera declaración. Peor aún, cuando la declaración señala que la ADA se reafirma en su “independencia” de las organizaciones políticas pero también sindicales, da a entender que no busca unificar sus fuerzas con las bases del movimiento obrero fabril de Francia. Y esta es la principal debilidad del movimiento y de las ADA: no buscar transformarse en un órgano de lucha de todos los explotados. Hay que reconocer, no obstante, que mucho más han contribuido a esta separación los reformistas en la dirección de los sindicatos que los dirigentes de los Chalecos Amarillos.

Sería ingenuo pensar que estas declaraciones son la expresión natural de la inocencia política de las bases de este movimiento. Los reformistas no descansan, y mucho menos cuando se desarrollan este tipo de luchas y organismos de democracia obrera. Ellos están allí, infiltrados al interior del movimiento, recibiendo las directivas reformistas de sus partidos con el fin de contener la lucha revolucionaria de las masas.

Anarquistas y falsos trotskistas

En Francia existen diferentes organizaciones reformistas que se autoproclaman “trotskistas”. Una de ellas es la “TendanceClaire” (TC) del NPA.

En uno de los artículos publicados por esta tendencia reformista se señala que “es un error táctico que nosotros desaprobamos firmemente, particularmente el declarar ‘París, capital de los disturbios’ que esperaba con gran ingenuidad que los disturbios sean decretados. Este tipo de llamados ha sido el pretexto del ministro del interior para utilizar la fuerza…”. Es decir, esta tendencia “trotskista” rechaza abiertamente la violencia de los explotados y justifica de cierta forma la represión como su inevitable consecuencia. Hay que tener en cuenta que aquí no se critica solo la violencia aislada y desorganizada de los grupos anarquistas, sino la violencia revolucionaria en general ya que en todo el artículo no se plantea jamás la necesidad de poner en pie comités de autodefensa o de entrar en contacto con los soldados rasos. Su consigna máxima es la “huelga general” pacífica y sindical. Estos impostores son pues seguidores de Gandhi no de Trotsky, el organizador del Ejército Rojo.

Los morenistas de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI), que se declaran incondicionales de la TC-NPA, reproducen una de sus declaraciones donde la consigna máxima es “¡Fuera Macron! ¡Fuera del gobierno de la patronal (Medef)! ¡Continuemos la lucha por la huelga general y el bloqueo de la economía!”. Nuevamente se marca el paso en la salida de Macron sin proponer avanzar en la conquista del armamento y de un congreso de todos los explotados (soviets). Su consigna fetiche es la huelga general sindical que los morenistas han convertido en panacea universal.

La declaración de sus partidos europeos es igual de lamentable, llamando a la huelga general pacífica y reivindicando a los reformistas de la TC. No olvidemos que mientras los Chalecos Amarillos llaman a los policías a suicidarse, los morenistas cantan “el pueblo uniformado también es explotado”. Por último, no podemos dejar de mencionar que su invitado intelectual estrella, el castrista James Petras, viene dando su apoyo político a Marine Le Pen como una supuesta alternativa “progresista”.

Los reformistas del Partido de los Trabajadores Socialistas de Argentina (PTS), también están apoyando la vía pacífica al socialismo en Francia como es ya su costumbre en todos los escenarios de la lucha de clases mundial. Uno de sus principales dirigentes, Juan Chingo, publicó un artículo donde le aconseja al NPA sacar todas las “conclusiones” necesarias para formar un “partido de los trabajadores revolucionarios”, sin embargo, su consigna máxima es la dimisión de Macron, omitiendo la necesidad del armamentoy de los soviets.

Una característica general de los falsos trotskistas es su nacionalismo pequeño-burgués encubierto detrás de su verso “internacionalista”. Ni la TC del NPA, de la LIT-CI, ni el PTS plantean la necesidad de unificar la lucha de Francia con la insurrección del mundo colonial francés, con la revolución árabe y africana, con la revolución europea griega y ucraniana, con la revolución latinoamericana. A pesar de dirigir centrales sindicales y bancadas parlamentarias estos falsos trotskistas no han movido un solo dedo para hacer efectivo el apoyo material a la lucha de los explotados de Francia y de otros países. No son más que el ala izquierda del social-imperialismo pequeño-burgués.

Finalmente, tenemos a los anarquistas franceses que están llenos de frases grandilocuentes pero su acción inorgánica termina siendo el complemento perfecto de la política de la burocracia sindical y el reformismo. Por ejemplo, algunos integrantes del movimiento Black Bloc explican que “Es propio de este tipo de acción: no hay espacio para un comité central estratégico, solamente una coordinación mínima, esta que es justamente siempre la fuerza pero también la debilidad de funcionamientos abiertos, anónimos y horizontales”.

Los anarquistas se oponen por tanto a toda centralización y con mucha más razón a un congreso de todos los explotados como órgano del futuro Estado Obrero Revolucionario. Del mismo espíritu pequeño-burgués es el llamado “de los Chalecos Amarillos del Este de París” de principios de año donde se rechaza “toda organización jerárquica, toda representación” reclamando poner fin “a la opresión jerárquica, capitalista y estatal”.

Como ya lo hemos explicado pacientemente en nuestro libro La lucha de Trotsky contra el sectarismo, a pesar de la combatividad de sus bases el anarquismo en todas sus variantes termina siendo el complemento perfecto del oportunismo político de la pequeña-burguesía.

¡Por un partido obrero revolucionario!

En nuestra declaración de fines del año pasado señalamos con claridad la importancia histórica de la actual lucha en Francia y el rol contrarrevolucionario que jugarían los reformistas para impedir su desarrollo revolucionario. A pesar de las frases y consignas engañosas, todos finalmente se han mostrado enemigos de la dictadura del proletariado y por tanto del socialismo mundial.

Por otra parte, anarquistas y sectarios de todo tipo pueden llenarse la boca de frases encendidas pero son incapaces de entender el carácter y el ritmo del actual proceso revolucionario en Europa. Oportunamente señalamos la “lentitud” del mismo y los hechos nos han dado la razón.

Las principales consignas de la actual situación de transición en Francia son el llamado a expropiar sin pago y bajo control obrero a la burguesía, a poner en pie comités de autodefensa y a organizar un congreso de todos los explotados, consignas que deben ser exigidas a las direcciones de las masas como acciones de frente único, con el fin de desenmascarar pacientemente su papel contrarrevolucionario. Asimismo se debe llamar a movilizarse en apoyo de la lucha de las colonias francesas y de los explotados de todo el mundo.

Sin embargo, para que esta exigencia se haga efectiva es necesario poner en pie un partido obrero revolucionario en Francia que desplace a los reformistas y dirija la lucha de las masas hacia la dictadura del proletariado. Y esta dirección no puede ser nacional, debe ser internacional. Por esta razón, nuestra principal consigna del momento es la lucha por la refundación de la Cuarta Internacional. Solo bajo una verdadera dirección internacionalista el proletariado vencerá.

¡BASTA DE OPORTUNISMO Y SECTARISMO!

¡REFUNDEMOS LA CUARTA INTERNACIONAL!

 

No widget added yet.

Top