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EEUU: UN NUEVO ROSTRO PARA EL IMPERIO

¿Por qué ganó Donald Trump? Para muchos un sujeto con un discurso tan reaccionario y vulgar no podía tener una oportunidad en la primera potencia mundial[1]. Ese mismo electorado que dio por vencedor dos veces a un abogado negro, no podía ahora votar por un supremacista blanco. Lo cierto es que Obama obtuvo la presidencia gracias también a los votos de trabajadores blancos que esperaban una mejora sustancial de sus condiciones de vida hundidas por la actual crisis mundial del capitalismo.

Los “demócratas” gobernaron, como siempre lo han hecho, a favor de Wall Street y sus transnacionales, rompiendo todas las promesas hechas y aplastando físicamente la protesta popular. Las estadísticas demuestran que bajo la administración del primer presidente negro, la desigualdad racial incluso se profundizó[2] y la ola de asesinatos policiales lo demuestra[3]. Movimientos de protesta como Ocuppy Wall Street o Black Lives Matters, surgieron con este gobierno. Hoy, la tercera parte de las familias norteamericanas que viven en albergues tienen por lo menos un asalariado en sus filas[4]. Ni latinos, árabes o asiáticos obtuvieron más derechos, visas o ciudadanías. El mundo tampoco dejó de ser bombardeado bajo la presidencia afroamericana, por el contrario, sufrió nuevas intervenciones como la de Siria[5].

En las cuestiones económicas y políticas fundamentales para los trabajadores no había entonces diferencias entre demócratas y republicanos. Hillary Clinton, ex secretaria de Estado de Obama y ex senadora partidaria de la política exterior de Bush, no podía ser una alternativa[6]. Bernie Sanders, que también apoyó la invasión de Afganistán[7], con su demagogia “socialista” sembró ilusiones que él mismo se encargó de romper con su apoyo a Clinton[8] y ante el triunfo de Trump ha declarado que trabajaría con él “si apoya a la clase trabajadora”[9]. Los obreros tampoco podían confiar su futuro a grupúsculos socialdemócratas, estalinistas o seudotrotskistas que en cada elección llamaron a votar por el demócrata “más progresista”[10]. La traición a la revolución latinoamericana, árabe y europea también contribuyó a la decepción y confusión política general. Es en este contexto que un discurso populista como el Trump pudo calar en ciertas franjas de trabajadores influenciadas por la aristocracia obrera blanca sirviente de Wall Street[11].

Ahora la izquierda reformista, indignada y alarmada, anuncia el apocalipsis de la mano del jinete inmobiliario Donald Trump, es decir, con Hillary “las cosas no hubieran sido tan malas” y con Sanders, “quizás hasta tumbábamos el sistema”. ¡Miserables! Lo que pretenden es ocultar el fracaso total de su política secular del “mal menor” porque llamaron a votar por Obama y ahora han llamado a votar “contra Trump” repitiendo el mismo libreto que por décadas solo ha traído derrotas y decepciones al movimiento obrero. El mismo Carlos Marx condenó en su momento esta política oportunista: “[Los obreros] no deben desorientarse y abandonar su trabajo por la consideración de que dividiendo los votos demócratas ayudan a los partidos reaccionarios. Tal argumento se aduce para engañar al proletariado. El avance que el partido proletario puede hacer con su actitud independiente es infinitamente más importante que la desventaja que resulta de tener unos reaccionarios más en la representación nacional[12].

La naturaleza imperialista de EEUU no la define la política exterior de su presidente o los votos de su parlamento sino el poderío de su capital financiero que hoy acapara y domina los sectores clave de la economía mundial. Esto es Lenin contra Kautsky, es decir, el verdadero socialismo contra el oportunismo de siempre. Las diferencias entre demócratas y republicanos son matices fraternales frente a la esencia económica de sus intereses. El imperio ha mudado de piel, el halcón ha renovado su plumaje, las formas han cambiado pero el contenido permanece. Como diría Obama antes de las elecciones: “Independientemente de lo que pase, EE.UU. seguirá siendo la nación más grandiosa de la Tierra”[13]. O como se expresó el embajador norteamericano de un país andino: “La relación con el Perú no cambiará sea quien sea el presidente”[14]. Es decir, gane quien gane las relaciones de dominación financiera y militar se mantendrán, el muro contra México se terminará de construir[15] y Medio Oriente seguirá siendo bombardeado.

Probablemente con Trump la vanguardia obrera no tiene dudas del enemigo que enfrenta, sin embargo, las ilusiones en “demócratas” como Sanders pueden paralizar sus fuerzas en los momentos decisivos. Tras las críticas reformistas al triunfo de Trump se oculta el apoyo tácito al partido demócrata y esta es la trampa más peligrosa que deberán enfrentar los trabajadores en el próximo periodo. Tareas mínimas como la liberación de los presos por luchar, el combate por empleo y salario, el fin de la opresión racial y sexual, la expulsión de las transnacionales y militares yanquis, no pueden confiarse a los que llamaron a votar por Obama, Clinton o Sanders; solo una dirección revolucionaria en los EEUU como sección de la Cuarta Internacional refundada puede mostrar al movimiento obrero el verdadero camino que conduce a su liberación.

La Historia no registra la eternidad de ningún régimen, imperio o nación. Por el contrario, sí da cuenta de periodos reaccionarios donde se declara el fin del progreso, la razón y hasta de la Historia misma. Los revolucionarios sabremos sobrellevar este nuevo temporal y transitar con éxito el largo y escabroso camino que conduce al socialismo mundial.


 

Notas

[1] Hay que considerar que solo el 50% de electores acudió a votar, un ausentismo que en realidad se remonta a la década de los 80’s. Bustle, “How Many People Didn’t Vote In The 2016 Election? Low Voter Turnout Remains A Huge Problem”, 9-11-16.

[2] El País, “Las cosas aún son blancas y negras”, 2-11-16.

[3] NRCI, “Los esclavos del capital se rebelan en el corazón de la bestia imperialista”, 19-7-16.

[4] El País, “Con empleo pero sin techo”, 2-11-16.

[5] Más allá de los matices partidarios, el imperialismo yanqui ha apoyado en los hechos al genocida Al Assad de la mano de su lacayo Putin. NRCI, “Abajo Al Assad, Putin y el imperialismo”, 20-9-16.

[6] “Entre 2001 y 2006 votó a favor de la Patriot Act que limitó las libertades civiles en materia de privacidad y endureció las leyes de inmigración, dentro del marco de la lucha contra el terrorismo”. El País, “Hillary Clinton, cuatro décadas de política estadounidense”, 26-10-16.

[7] “I will vote for this resolution because I believe that the use of force is one tool that we have at our disposal to fight against the horror of terrorism and mass murder”. Feel The Bern, “Bernie Sanders on Afghanistan”, 2016.

[8] “This is not the time for a protest vote, in terms of a presidential campaign […] This is time to elect Hillary Clinton”. The Washington Post, “Bernie Sanders: ‘This is not the time for a protest vote’”, 16-9-16.

[9] “To the degree that Mr. Trump is serious about pursuing policies that improve the lives of working families in this country, I and other progressives are prepared to work with him”. USATODAY, “Bernie Sanders is ‘prepared to work with’ Donald Trump”, 9-11-16.

[10] Imbéciles como Alan Woods sufren el desengaño llamando traidor a Sanders, cuando los verdaderos traidores son ellos. Marxist, “EEUU: La traición de Bernie – ¡La lucha por el socialismo continúa!”, 7-9-16.

[11] El mismo Sanders explicó esto a su manera cuando dijo que “América está sufriendo y no confía en el establishment”. El País, “La irrupción de Sanders fuerza un viraje hacia la izquierda”, 9-11-16.

[12] Carlos Marx, “Circular del Comité Central a la Liga Comunista”, 1850.

[13] La Nación, “Barack Obama: ‘Independientemente de lo que pase, EE.UU. seguirá siendo la nación más grandiosa de la Tierra’”, 9-11-16.

[14] RPP, “Embajador de EE.UU.: ‘Relación con el Perú no cambiará sea quien sea el presidente’”, 8-11-16.

[15] La construcción de este muro de la vergüenza la iniciaron los Estados fronterizos con México bajo el gobierno demócrata de Bill Clinton. Trump propone ampliarlo y que sea financiado por el propio gobierno mexicano.

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