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LÍBANO: LA PRIMERA REVOLUCIÓN CONTRA LA CUARENTENA

Los explotados de Líbano no han resistido más tiempo el encierro impuesto por la burguesía y, perdiendo el miedo a morir baleados o infectados, han salido a las calles para atacar a los bancos y traer abajo su gobierno.

REVOLUCIÓN, VIRUS Y CUARENTENA

Desde octubre del año pasado los trabajadores de este pequeño país de Medio Oriente se han venido movilizando contra sus condiciones miserables de vida, agravadas con el establecimiento de más impuestos al consumo, mientras los funcionarios corruptos y los grandes capitalistas despilfarraban los recursos de la nación. Su movilización revolucionaria forzó la salida del primer ministro burgués Saad Hariri, que fue entonces reemplazado por el ex ministro de educación Hassan Diab. Sin embargo, esto no calmó la ira de las masas que continuaron manifestándose y autoorganizándose a pesar y en contra de sus direcciones reformistas.

Y es que ningún gobierno burgués podía dar solución a sus demandas, peor aun cuando el Estado ha sido sobrendeudado con préstamos usureros con el capital financiero extranjero, provocando su incapacidad de pago, la devaluación de la moneda nacional y el aumento del costo de vida. La única salida que ofreció Diab a esta situación insostenible es solicitar nuevos préstamos para poder pagar los acumulados (equivalentes al 150% del PBI), prometiendo cumplir con las exigencias del FMI y el Banco Mundial, algo que indignó aún más al pueblo pobre de Líbano.  

Sin embargo, cuando las masas ya habían hecho retroceder a la policía e instalado campamentos revolucionarios en la Plaza de los Mártires de Beirut, llegó a Líbano el “Ángel Exterminador” para salvar al gobierno de Diab. La pandemia del COVID-19 fue, entonces, el pretexto perfecto para sembrar el pánico en la población y hacer retroceder a las masas por la fuerza de las armas pero también con el apoyo de las direcciones sindicales y reformistas que no solo aceptaron la cuarentena desmovilizadora impuesta por el gobierno sino que la consideraron absolutamente necesaria “para salvar vidas”, olvidando que mucho antes de esta nueva pandemia los hospitales de Líbano ya habían colapsado por falta de presupuesto. 

Es en Líbano justamente donde con más claridad se puede constatar el papel político contrarrevolucionario de la cuarentena y de los reformistas que la alientan. ¿Acaso detener una revolución y refugiarse en la casa puede corresponder de alguna forma a los intereses del proletariado?, ¿esto no es acaso el sueño dorado de todo gobierno burgués a punto de ser derrocado? Para los reformistas se trababa de “salvar vidas”, pero ¿acaso ha existido alguna vez una revolución sin sacrificios, sin sangre, sin muertes?, ¿en qué clase de revolución estaban pensando entonces?

La respuesta la sabemos: para los reformistas la “revolución” debe ser pacífica, consensuada con la propia burguesía, y rematada con el triunfo electoral de un gobierno “progresista” que defienda, desde las cumbres del Estado burgués, los intereses de los más pobres. Este es pues el programa de la contrarrevolución que los dirigentes reformistas han venido impulsando en todo el mundo, apoyando a oficiales “democráticos” en Medio Oriente, a los Podemos y Syrizas en Europa y a caudillos bolivarianos en América Latina, programa que solo ha servido para salvar y perpetuar el capitalismo.

Era natural, entonces, que después de tantos años de traiciones a la más elemental independencia política de clase, los reformistas agachen la cabeza a la cuarentena militar de la burguesía o propongan la utopía de una autocuarentena sin hambre bajo el capitalismo. Y tuvieron éxito en engañar a las masas por un tiempo. No solo en Líbano, sino también en Chile, Hong Kong y Francia, las masas revolucionarias retrocedieron confundidas y atemorizadas por la propaganda sanitaria de sus propios dirigentes en quienes todavía confiaban.

Porque hay que ser claros: por lo menos en estos países las masas ya habían perdido el miedo a morir acribilladas por el ejército; únicamente por culpa de sus dirigentes es que retrocedieron a encerrarse en sus casas, o covachas para ser exactos. Pero, lamentablemente para estos traidores y sus amos, desde hace miles de años existe una pandemia que es la peor de todas las pandemias; peor que la Peste Negra y que la Gripe “Española” juntas; muchísimo peor que el COVID-19 cuya tasa de letalidad mundial no ha superado aun el 7%; la única pandemia que mata al 100% de sus víctimas sin distinguir edad y que bajo el capitalismo no tiene cura ni tratamiento: la pandemia del hambre.

¡EL PUEBLO TIENE HAMBRE!

Es el hambre el principal motor histórico de las revoluciones, y las de este siglo no podían ser la excepción. Ya la propia UNESCO ha señalado que a causa de esta pandemia mueren cerca de 9 mil niños diariamente, es decir, más de 3 millones cada año. Es el hambre, entonces, lo que ha provocado levantamientos como el de Líbano, iniciado el año pasado. Y ciertamente la cuarentena de Diab, sostenida por el reformismo, logró paralizar al proletariado, sin embargo, al mismo tiempo extendió y profundizó los despidos, el desempleo y la pobreza de las masas. Como explicó un manifestante: “Nosotros tuvimos una revolución… entonces vino el coronavirus y la gente fue encerrada en sus casas… Ahora… tú no puedes controlar más a la gente. El pueblo tiene hambre[i].

Junto con las consecuencias nefastas de la cuarentena nacional, la cuarentena mundial contribuyó también al quiebre final de la economía exportadora de Líbano. Porque, como ya se sabe, la cuarentena impuesta en casi todos los países del mundo ha provocado la caída histórica del precio del petróleo, uno de los principales recursos de este país árabe. Aterrados los bancos impidieron el retiro de ahorros y los precios de los bienes de primera necesidad se dispararon. Fueron estas condiciones extremas, producto de la cuarentena, lo que ha desencadenado el reinicio de la revolución libanesa que empezó incluso antes del 21 de abril con protestas de vendedores y taxistas contra la prohibición de trabajar en la calle.

Se trata, como ya reconoce la propia burguesía, de la primera revolución contra la cuarentena, una cuarentena que jamás fue pensada en interés de las masas explotadas.

Como ya quedó en evidencia, y advertía Engels, la burguesía solo se preocupa de las enfermedades de los pobres cuando estas se pueden transmitir a los ricos. Es por esta razón que la burguesía impuso esta cuarentena militar mundial a pesar de advertir su terrible impacto económico, pero también porque sabía que podía usarla como pretexto perfecto para militarizar el planeta. Es verdad que algunos gobiernos populistas como los de Trump o Bolsonaro, optaron por salvar sus ganancias antes que la vida de unos cuantos individuos de su clase, pero esta política es la excepción. La norma mundial es la cuarentena y lo que busca la burguesía es que sean los trabajadores los que paguen sus consecuencias.

La revolución del Líbano es, por tanto, el camino que deben seguir las masas de todo el mundo para salvar sus vidas de la pandemia del hambre pero también de esta nueva pandemia del COVID-19, porque todas las medidas sanitarias necesarias para ponerle fin (camas, respiradores, vacunas, etc.) solo se pueden realizar plenamente bajo un gobierno revolucionario de la clase obrera. En ningún caso la cuarentena puede ser una alternativa para el proletariado, por la sencilla razón de que no se puede derrocar a la burguesía encerrados en casa, y sin derrocar y expropiar a la burguesía no hay solución para esta ni para ninguna pandemia.

Los reformistas promueven hoy la cuarentena por la misma razón por la que se opusieron a ella durante la primera guerra mundial. Durante esta guerra criminal se desató la pandemia de la Gripe “Española” pero la burguesía no ordenó la cuarentena debido a que necesitaba la libre circulación de sus tropas imperialistas. Los reformistas, como verdaderos agentes de la burguesía al interior del movimiento obrero, no promovieron entonces ninguna cuarentena, por el contrario respaldaron a sus gobiernos en nombre de “la libertad y la democracia”. Y hoy promueven la cuarentena por la misma razón: para subordinar el movimiento obrero a los planes de la burguesía.

Por esta razón, la revolución de Líbano no solo es contra la cuarentena, sino también contra sus divulgadores “socialistas” y “revolucionarios”. Algunos de estos miserables todavía se atreven a llamarse leninistas o trotskistas, cuando saben bien que ni Lenin ni Trotsky ni ningún bolchevique propusieron jamás ninguna cuarentena como medida preventiva, porque la idea misma de encerrarse en casa durante una guerra civil revolucionaria habría sido tomada como una provocación descarada digna de un pelotón de fusilamiento. Ahora, gracias al Internet, esta lacra revisionista puede engañar a los sectores más atrasados del proletariado con la idea de “asambleas”, “protestas” y hasta “huelgas” virtuales. Esto fue lo que hicieron el 1 de Mayo mientras las masas de Líbano se movilizaban en las calles salvando el legado de los mártires de Chicago.

Otros miserables plantean que los obreros que están obligados a trabajar para no morir de hambre hagan huelga con el fin de conquistar el derecho a encerrarse en casa con todos los gastos pagados, es decir, para obtener el derecho a desertar de la lucha en la calles. Estos reformistas de izquierda rechazan la cuarentena militar pero en su lugar no proponen la revolución sino una cuarentena “obrera” garantizada por comités barriales y con todos los recursos necesarios para resistir el tiempo necesario “hasta que pase la pandemia”. Sin embargo, ¿cómo diablos vamos a expulsar al ejército y conquistar todos esos recursos sin movilizarnos en las calles, sin riesgos y sacrificios, sin muertos y heridos, sin revolución y guerra civil?, es decir, ¿cómo rayos vamos a luchar sin romper la cuarentena?

“¡HAY QUE DETENER LA REVOLUCIÓN!”

Los morenistas de la LIT-CI en Chile, en un acto de sinceridad, terminaron por admitir: “…solo se detuvo esta revolución para cuidarnos de la pandemia, los que podemos estar en cuarentena voluntaria y aquellos que están en cuarentena obligatoria…[ii]. Pero, ¿acaso la revolución no se hace justamente para dejar de ver morir todos los años a nuestros hijos y abuelos de enfermedades curables o tratables?, ¿acaso es posible “cuidarse de la pandemia” confiando nuestra salud al gobierno de los explotadores?, ¿acaso puede haber alguna clase de justificación para detener una revolución proletaria? Durante la primera guerra mundial ¿también le habrían propuesto a Lenin y Trotsky detener la revolución para cuidarnos del tifus y de la influenza? ¡Traidores desvergonzados!

Es evidente que aquellos que pueden estar en cuarentena voluntaria pertenecen a la ínfima aristocracia obrera y pequeña-burguesía acomodada. Y a esta clase es que pertenecen justamente los dirigentes de la LIT-CI y demás partidos reformistas de todas las banderas. Son únicamente ellos los que pueden y deben quedarse encerrados en casa, ya que las masas hambrientas sin contratos permanentes, tarjetas de crédito o cátedras universitarias, sin fondos sindicales, ingresos de ONG o sueldos parlamentarios, no tienen otra salida que romper la cuarentena y salir a las calles para derrocar a la burguesía y conquistar su dictadura revolucionaria.

Este es el llamado de la revolución del Líbano a los parias del mundo, el llamado a la insurrección contra toda cuarentena que pretenda confinar sus energías revolucionarias. La lucha contra el hambre que se inició en el sur de Italia y se manifestó en distintos puntos de América Latina y África, ha tenido su remate glorioso en este pequeño país de Medio Oriente que busca también volver a encender la llama de la revolución árabe que en Sudán, Argelia e Irak también se prendió. Esta no es una revolución “post-COVID-19” como pretenden hacernos creer los contrarrevolucionarios de la FT-CI[iii]. Ni ellos mismos pueden ocultar lo que ya es evidente para las masas explotadas de Líbano: “nos damos cuenta de que estamos viviendo en el momento de una pandemia de coronavirus, pero el hambre es mucho peor que el coronavirus[iv].

Y por esto han vuelto a las calles los más explotados, que en las noches de los molotov y con sus mártires del hambre, están luchando por traer abajo al “gobierno de tecnócratas” sostenido por las milicias reaccionarias de Hezbolá y los demás partidos y sectas religiosas burguesas. Pero ahora no se trata solo de traer abajo un gobierno. La revolución debe apuntar a destruir el mismo Estado burgués porque, como reconoció el líder del Partido Socialista Progresivo Libanés, “el Estado es nuestro único refugio o de lo contrario descenderemos en el caos”, es decir, en el “caos” de la expropiación de los ricos, de la justicia para los pobres, del verdadero orden socialista.

¿Revolución “post-COVID-19”? ¡Sigan soñando traidores! La realidad es la revolución contra la cuarentena que promovieron tan impunemente. Ahora Líbano se les ha estrellado en la cara haciendo pedazos su programa reformista de “lucha por una cuarentena efectiva y total”, es decir, lucha para encerrarte en la casa y dejar de luchar. Este evidente contrasentido solo podía producir confusión y parálisis política en el proletariado y por esta razón ninguna huelga bajo estas consignas se ha desarrollado en revolución. Estas no eran pues, como creían algunos, consignas de transición a la revolución, sino a la contrarrevolución porque ese es el único significado político de la cuarentena.

El reinicio de la revolución en Líbano, y hoy también en Chile, no se ha originado en huelgas pacíficas contra el COVID-19 ni en protestas contra el abuso policial, sino en la lucha contra la hambruna provocada por la cuarentena, es decir, no en la lucha contra la enfermedad sino contra la “cura”. Las masas perdieron el miedo al virus porque temen más ver morir a todos sus hijos de hambre, la clase media privilegiada por el contrario le teme más al virus porque cuenta con todo lo necesario para vivir sin trabajar, y ve con odio como los proletarios hambrientos rompen la cuarentena para comer, y es precisamente de este odio reaccionario del que ha surgido la campaña criminal del reformismo a favor de la cuarentena.

Consumada su traición, los reformistas ahora buscan recoger y zurcir los pedazos de su programa destrozado por la revolución del Líbano.

Para los falsos trotskistas de la Quinta Internacional, esta revolución no existe y siguen promoviendo en un mundo paralelo el confinamiento de los trabajadores “no esenciales”, dejando a los trabajadores “esenciales” librados a su suerte[v]. Sin embargo, nos preguntamos ¿por qué tendrían que arriesgarse únicamente los obreros que la arbitraria división del trabajo capitalista condenó como “esenciales”?, ¿por qué no proponen, en todo caso, dividir el trabajo “esencial” entre todos por turnos o por sorteo?, pero sobre todo ¿por qué no proponen que trabaje la burguesía?, ¿por qué no pueden dejar de ser tan serviles aunque sea durante una pandemia?

Los mandelistas, por su parte, quieren hacernos creer que este levantamiento se limita a Medio Oriente y que debemos esperar todavía a que pase la pandemia para ver (y promover) más revoluciones[vi]. Los morenistas, como los grandes visionarios que son, también venían anunciando la derrota bíblica de las masas a manos del COVID-19 dejando la revolución para un lejano futuro[vii]. Hoy no pueden hacer otra cosa que prescribir su panacea de cacerolazos ensordecedores a las masas de Beirut[viii]. Sus fracciones anarco-reformistas, por su lado, pretenden que las frases ultrasubversivas que lanzan hoy borren las huellas del crimen que cometieron ayer.

¡LA REVOLUCIÓN ES LA CURA!

La revolución contra la cuarentena del hambre, iniciada en Líbano y extendida hoy a Chile, debe abrirse paso entre la maleza de las fronteras burguesas y conquistar todo el planeta.  

Los proletarios del mundo entero están sufriendo las consecuencias catastróficas de la crisis histórica del capitalismo y esto recién ha comenzado. La recesión mundial anunciada está superando todos los pronósticos. Incluso si hoy la burguesía levantara la cuarentena no podría reparar el daño ya provocado. Su política es entonces clara: las masas deben pagar todas las consecuencias. Los explotados del campo y la ciudad debemos responderles organizando la revolución mundial. Solo destruyendo el capitalismo y su Estado opresor será posible poner fin a la pandemia del hambre y a todas las pandemias, incluida la del COVID-19.

La revolución del Líbano debe extenderse más allá de sus fronteras para reactivar a las masas explotadas de todo Medio Oriente y el Magreb, para conquistar la destrucción del Estado yanqui-sionista de Israel, la caída del genocida Al-Assad y de todas las dictaduras y “democracias” árabes. En Líbano se concentran en mayor proporción los refugiados palestinos y sirios; su unidad revolucionaria es esencial. Debemos levantar las banderas de la unidad pan-árabe no a través de gobiernos burgueses “progresistas” sino por medio de una Federación de Países Socialistas Soviéticos, como parte de la lucha por el socialismo mundial.

Las masas de Líbano ya han empezado a poner en pie organismo soviéticos en la forma de comités de lucha, comunas y campamentos revolucionarios. Ese es el camino que deben seguir hasta conquistar un Congreso o Asamblea revolucionaria de todos los explotados, bajo la protección de comités armados para la autodefensa y convocando a delegados de los soldados rasos. Las consignas por el desconocimiento de todas las deudas con el imperialismo y por la expropiación inmediata de bancos, supermercados y petroleras, sin pago y bajo control obrero, deben ser agitadas junto con consignas democráticas como el derecho a la verdadera autodeterminación nacional y a una república laica, democrática e independiente.

El desarrollo de esta lucha, bajo consignas revolucionarias de transición, creará las condiciones para la agitación a favor de la conquista del poder por medio de la dictadura del proletariado avanzando a la expropiación total de la burguesía y los terratenientes. Hoy las masas de Líbano parecen haber retrocedido pero mañana volverán a la lucha con más fuerza aún y por esta razón su acción debe ser orientada con consignas que sirvan de puente a su victoria revolucionaria. El desarrollo de la revolución socialista en Líbano conducirá inevitablemente a su expansión internacional no solo a Medio Oriente sino sobre a todo a Francia y Europa donde está la llave para el triunfo definitivo de la democracia obrera y el socialismo.

Pero para triunfar, el heroico proletariado de Líbano y Medio Oriente necesita de una dirección política revolucionaria. Ya hemos visto que los promotores de la cuarentena son los dirigentes obreros que necesita la burguesía, no el proletariado. Los verdaderos revolucionarios internacionalistas, superando el aislamiento que nos impone el reformismo, debemos conquistar nuestro agrupamiento y la refundación de nuestro partido, la Cuarta Internacional. Que los reformistas y centristas se queden encerrados en sus casas, los bolcheviques tenemos la obligación de seguir combatiendo por el triunfo de la revolución socialista mundial.

¡VIVAN LOS MÁRTIRES DEL HAMBRE!

¡ABAJO LA CUARENTENA MUNDIAL DEL CAPITAL!

 

[i] https://socialistworker.co.uk/art/50006/Mass+protest+returns+to+the+streets+of+Lebanon

[ii] https://www.facebook.com/mitchilelitci/videos/183378352758008/

[iii] https://revolutionpermanente.fr/Liban-La-premiere-revolte-de-la-faim-du-monde-post-Covid-cible-les-banques?fbclid=IwAR1K_m4W96PPUS9B3WwIdXDAyDDxaXCfgwykBZZhK8koMYsSFgvb7FvZEuM

[iv] http://www.laizquierdadiario.com/Nuevas-manifestaciones-en-el-Libano-contra-los-bancos-y-el-Gobierno

[v] https://fifthinternational.org/content/may-day-statement-league-fifth-international

[vi] http://www.internationalviewpoint.org/spip.php?article6591

[vii] https://litci.org/es/menu/teoria/historia/covid-19-capitalismo-guerras-revolucion/

[viii] https://litci.org/es/menu/movimiento-obrero/la-vuelta-de-la-revolucion-libanesa/

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