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EL CAPITALISMO LATINOAMERICANO AL DESCUBIERTO: MITOS Y VERDADES SOBRE LAS ECONOMÍAS NEOLIBERALES Y BOLIVARIANAS

La prensa burguesa y reformista simplifica, mutila y deforma la realidad para adecuarla a su discurso político. En América Latina esta simplificación ha producido el mito de que existen por un lado países “neoliberales” y por otro, países “socialistas”. Los neoliberales sostienen que su modelo es el mejor y ponen a Chile o Perú de ejemplo. Los “socialistas” o bolivarianos, rechazan este modelo y llaman a seguir los pasos de Bolivia o Nicaragua. En este artículo vamos a demostrar la falsedad de ambos discursos políticos.

Desigualdad social capitalista

Veamos un primer hecho incontestable y esclarecedor: la profunda desigualdad social de nuestras naciones. Como sabemos, una de las características esenciales del capitalismo es la división de la sociedad en clases, donde una clase social minoritaria (la burguesía) posee los medios de producción que le permiten explotar a la clase social que posee solo su fuerza de trabajo (el proletariado). Evidentemente, esta división en el modo de producción, crea también una división en el modo de distribución de la riqueza. Como consecuencia, la burguesía concentra injustamente gran parte de la riqueza del mundo mientras el proletariado se hunde en la miseria. A esto hay que añadir que existe una clase social intermedia de pequeños propietarios o pequeñoburgueses cuyas capas bajas se aproximan a la pobreza del proletariado y sus capas altas a la riqueza de la burguesía.

Es natural entonces que esta división de la sociedad en explotados y explotadores se refleje en la desigualdad de ingresos al interior de los países. En el caso de América Latina los datos son muy claros al respecto[1]:

América Latina (5 países): participación del 1% más rico en el total del ingreso, 2000-2015 (en %).

Como se observa, en países “neoliberales” como Chile, el 1% más rico obtiene cada año casi el 25% (es decir, la cuarta parte) del total de ingresos de la nación. Pero incluso en países como Brasil, bajo el gobierno “progresista” del “Partido de los Trabajadores” (hasta agosto del 2016), esta desigualdad social es aún mayor.

Para incluir más países en este análisis comparativo, haremos uso del “coeficiente de Gini”, que es el índice de la desigualdad más conocido. Sus valores van del 0% al 100%, a mayor porcentaje mayor desigualdad[2]:

América Latina (11 países): coeficiente de Gini, 2002 y 2014 (en %)

País

2002

2014

Argentina

49.8

39.1

Bolivia

61.2

47.1

Brasil

57.0

51.4

Chile

       50.7(2003)

       46.6(2013)

Ecuador

       53.8(2001)

44.9

México

50.6

50.2

Nicaragua

       56.8(2001)

49.5

Panamá

57.2

50.9

Perú

54.4

44.6

Uruguay

47.4

39.2

Venezuela

41.8

37.8

Como se observa, en general ha habido una ligera disminución de la desigualdad medida a través de este indicador. Pero esto se ha producido en todos los países tanto “neoliberales” como “socialistas”. Es más, países supuestamente socialistas como Bolivia o Nicaragua sufren de una desigualdad incluso mayor a la de Chile, donde se vienen produciendo manifestaciones por este motivo.

Esta desigualdad generalizada se profundiza si pasamos analizar el problema de la tierra en América Latina[3]:

América Latina (11 países): tierra agrícola en fincas pequeñas e índice de Gini rural, 2014

País

Tierra agrícola (en miles de hectáreas)

Tierra agrícola en fincas pequeñas (en %)

Índice de Gini rural más cercano a 2014 (en %)

Argentina

174 808

5.8

83

Bolivia

36 819

47.5

Brasil

329 941

24.3

86

Chile

30 443

3.8

91

Ecuador

12 355

20.1

80

México

112 349

36.3

63

Nicaragua

6 254

24.7

86

Panamá

2 769

8.3

75

Paraguay

31 087

4.3

94

Perú

38 742

5.9

86

Uruguay

16 420

5.6

84

Venezuela

27 074

5.3

88

Incluso el país con aparente mejor distribución de la tierra, Bolivia, refleja la brutal desigualdad que sufre el campesino pobre, ya que más de la mitad de la tierra está en manos del medio y gran terrateniente. Esto es el resultado de la farsa de reforma agraria del gobierno de Evo Morales, donde solo fueron expropiados algunos latifundios que no producían nada o cuya formalización fue fraudulenta (Lizárraga & Vacaflores, 2014: 55) y que representaría hasta el año 2010, solo el 1.5% del total de la tierra saneada y titulada:

El análisis realizado por el CEDLA basándose sobre datos oficiales ‘muestra la continuidad del patrón de desarrollo agrario que estructuró el neoliberalismo’, según los autores del informe. Mientras, en el rico departamento sudoriental de Santa Cruz, donde predominan medianas y grandes empresas agrícolas, pasó a concentrar 74% de la producción nacional del sector (Social Watch, 2012).

Por esto no sorprende que solo unos meses antes de su huida a México por presión militar, Evo Morales haya dado la siguiente declaración a la prensa: “Quiero saludar al empresariado cruceño. Tendrán sus demandas, sus reivindicaciones, pero ante sus demandas siempre proponen soluciones para toda Bolivia… Aquí son visionarios, no solo para mejorar la situación económica de la familia, sino de toda Bolivia. Santa Cruz es el centro de integración de todo el pueblo” (El Deber, 2019).

En el caso de Venezuela,  esta desigualdad rural se profundiza aún más ya que el campesino pobre solo posee el 5% de la tierra agrícola, desigualdad superada solo por Chile y Paraguay. La reforma agraria impuesta por Hugo Chávez con financiamiento del imperialista Banco Interamericano de Desarrollo, terminó afectando solo a una parte insignificante de latifundistas como reconoce el chavista M. E. Guerrero (2014: 238): “Las hectáreas redistribuidas son 4 380 147, de un total de casi 30 millones de hectáreas que tiene Venezuela como tierras cultivables”. Venezuela es, pues, otro país seudosocialista donde impera la desigualdad capitalista y semifeudal más extrema.

Miseria de las clases medias

Ahora bien, con frecuencia se señala, como prueba de la disminución de la desigualdad, el crecimiento lento pero sostenido de las clases medias. Sin embargo, la misma CEPAL (2019: 27) reconoce que:

…existe un segmento de la población de América Latina que, pese a haber superado el umbral de la pobreza monetaria, se encuentra en una situación de alta vulnerabilidad y riesgo de volver a esa situación ante circunstancias tales como el desempleo o la precarización del empleo, bruscos aumentos de la inflación y desastres o eventos sociales, personales y familiares catastróficos. Es por ende importante identificar un sector de la población como parte del estrato bajo no pobre, situado entre las personas en situación de pobreza y los estratos de ingresos medios… En 2017, una de cada cuatro personas en América Latina se encontraba en esa situación (25,8% del total de la población, o sea 157 millones de personas en términos absolutos)…la población de estratos de ingreso bajo (que corresponden a la suma de la población en situación de pobreza extrema, pobreza no extrema y bajos no pobres) se redujo del 70,9% al 55,9%.

Probablemente muchos obreros se estén preguntando qué significa eso de tener “bajos ingresos” y no ser pobre. Lo que sucede es que la burguesía imperialista y sus organismos como la CEPAL siempre se inventan nuevas categorías para tratar de maquillar la miseria impuesta por el capitalismo a la mayoría de la población. Si traducimos esta terminología a la realidad tenemos que “bajos ingresos” es pobreza, “pobreza no extrema” es pobreza extrema y “pobreza extrema” es ya la hambruna, el holodomor capitalista mundial[4].

Es decir, incluso asumiendo que los cálculos de la CEPAL sean exactos y desinteresados, es indiscutible que la mayoría absoluta de la población latinoamericana, incluyendo a gran parte de la pequeña burguesía, sufre de distintos niveles de pobreza y de una alta probabilidad de hundirse aún más.

Para hacernos una idea de esta “alta vulnerabilidad” que sufre la pequeña burguesía, veamos por ejemplo el caso de Perú (PRODUCE, 2015: 82):

Perú: Empresas según su tamaño luego de seis años, 2008-2014 (en %)

 

Analicemos cuidadosamente este recuadro. En primer lugar, tenemos las llamadas “microempresas”[5], donde ese 46.1% corresponde a las microempresas que se quedaron estancadas como microempresas del 2008 al 2014. Luego, solo un insignificante 1.8% logró ascender a pequeña empresa durante este periodo de seis años. La mayoría restante (51.9%) salió del mercado por quiebra u otro motivo. En el caso de las que eran pequeñas empresas el 2008, un 28.1% retrocedió a microempresa en lapso de seis años, un 36.3% se quedó como pequeña empresa, un 28.9% salió del mercado, y solo una minoría insignificante (6.6%) logró ascender a mediana o gran empresa. En el caso de las medianas empresas el porcentaje de ascensos aumenta (37.4%), sin embargo, los quebrados y descendidos aún corresponden a la mayoría absoluta (54.2 %). Solo en el caso de las grandes empresas esta tendencia se invierte, pero incluso en ese nivel tan alto un 35.3% (es decir, una tercera parte) retrocedió o quebró.

Peor aún, cuando se prolongó el periodo de tiempo analizado (usando la fecha de inicio de actividad empresarial), se encontró que en promedio las microempresas sobreviven 6 años en el mercado, las pequeñas empresas 8, las medianas 11, y las grandes empresas solo 16 años. Pocas, muy pocas empresas logran superar estos límites (PRODUCE, 2015: 59-61).

Alguien podría pensar que esta alta inestabilidad de las empresas en general y de la pequeña burguesía en particular es un fenómeno propio de América Latina o de los países atrasados. Sin embargo, incluso en los EEUU se llegó a determinar que el 40% de las micro, pequeñas y medianas empresas muere antes de los cinco años, las dos terceras partes pasa a la segunda generación y tan solo el 12% sobrevive a la tercera generación (Valdés & Sánchez, 2012: 132).

Es que así funciona el capitalismo en su constante movimiento, nada permanece estable, si una generación consiguió de milagro ascender, la siguiente termina nuevamente en las filas del proletariado:

Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, pequeños industriales, comerciantes y rentistas, artesanos y labriegos, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción.  Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado (Marx & Engels, 1999).

Es verdad, que el capitalismo no terminó liquidando por completo las clases medias, simplificando y reduciendo la sociedad a burgueses y proletarios. Sin embargo, está demostrado que esta clase media existe como una mera estación en la existencia de las familias que la componen. Es decir, la clase media nunca es la misma clase media, se renueva constantemente, y por tanto, se puede concluir que la mayoría de la humanidad ha vivido bajo la pobreza la mayor parte de su vida gracias al capitalismo. Junto con el ejército permanente de desocupados, la preservación artificial de la clase media constituye así “la expresión más malévola de la decadencia del capitalismo” (Trotsky, 2000a).

Y ciertamente es malévola, porque son precisamente esos efímeros años de éxito capitalista los que fortalecen las ilusiones reaccionarias de la pequeña burguesía, y la empujan a las aventuras más disparatadas haciendo su caída más inesperada, violenta y traumática. Es así también como el capitalismo, a diferencia del esclavismo y el feudalismo, conquista el apoyo de sus propios esclavos asalariados, alimentando sus falsas esperanzas de ascenso social. Lo que vemos ahora en Chile es precisamente el derrumbe de este castillo de ilusiones, porque no importa si los trabajadores de este país consumen más que los demás, finalmente saben que por cada peso que invierten en mejorar sus condiciones de vida, la burguesía invierte sin trabajar cien, mil o diez mil veces más:  

Sea grande o pequeña una casa, mientras las que la rodean son también pequeñas cumple todas las exigencias sociales de una vivienda, pero, si junto a una casa pequeña surge un palacio, la que hasta entonces era casa se encoge hasta quedar convertida en una choza. La casa pequeña indica ahora que su morador no tiene exigencias, o las tiene muy reducidas; y, por mucho que, en el transcurso de la civilización, su casa gane en altura, si el palacio vecino sigue creciendo en la misma o incluso en mayor proporción, el habitante de la casa relativamente pequeña se irá sintiendo cada vez más desazonado, más descontento, más agobiado entre sus cuatro paredes (Marx, 2000).

Esta es la desigualdad, injusta y brutal, que ha hecho estallar la rabia del proletariado y de la pequeña burguesía pobre de Chile. Pero estas condiciones, como hemos visto, son esencialmente las mismas en todos los países del continente, incluso en los mal llamados países “socialistas”.

Predominio de la propiedad privada

Esta calificación oportunista de “socialista” para países como Brasil, Argentina y Ecuador hasta el 2016 o 2017 y para países como Bolivia, Venezuela y Nicaragua hasta el 2019 o la actualidad, se debe al ascenso de gobiernos burgueses de “frente popular” que durante su mandato realizaron algunas estatizaciones (con millonarias indemnizaciones) bajo el rótulo de “socialismo del siglo XXI” y con el apoyo del “comunismo cubano”[6]. Estas estatizaciones fueron permitidas finalmente por la burguesía imperialista porque esta se hizo consciente de la necesidad de gobiernos burgueses que hicieran concesiones para contener la lucha revolucionaria de las masas. Es decir, se trataba de ceder una parte para no perderlo todo.

Sin embargo, lo que ha hecho la prensa burguesa y reformista no es solo falsificar las motivaciones sino también exagerar infinitamente esta “parte” concedida. Aquí vamos a demostrar, contra todo lo que se afirma tan desvergonzadamente, que en estos supuestos países socialistas lo que impera ni siquiera es el capitalismo de estado, sino el despotismo puro y cristalino de la propiedad privada.

En primer lugar, veamos los datos relacionados al porcentaje de trabajadores de América Latina que laboran en instituciones o empresas del Estado:

América Latina (14 países): Participación del empleo público en el empleo total, 2012 (en %)[7]

Ni siquiera en Venezuela, donde se habrían producido más compras estatales de empresas privadas, el porcentaje de trabajadores estatales supera el 20%[8]. Peor aún: el Chile “neoliberal” tiene más trabajadores estatales que la “socialista” Bolivia. Y lo mismo sucede entre Perú y Ecuador, contradiciendo los discursos políticos dominantes. Es decir, en toda América Latina sin excepción, lo que impera es el reino absoluto y despótico de la propiedad privada de los medios de producción.

Porque incluso si nos limitamos a revisar los datos correspondientes solo a las unidades estatales que producen bienes y servicios para el mercado, la realidad es mucho más elocuente. En el caso de Bolivia, según cifras oficiales, el año 2017 contaba con un total de 358 800 trabajadores estatales de los cuales 12 mil laboraban en corporaciones públicas, es decir, solo el 3% (ILO, 2019). ¿De qué “socialismo” habla esta gente? Se trata en realidad de una verdadera conspiración de la derecha imperialista y del reformismo pequeño-burgués para engañar a los trabajadores y desprestigiar al verdadero socialismo.

Ahora bien, al realizar un análisis más específico por sectores económicos, es verdad que en Bolivia es mayor el porcentaje de trabajadores estatales en minas y canteras (INE, 2017). Sin embargo, esto es parte de una tendencia internacional a la estatización condicional, parcial y temporal de los recursos mineros, gasíferos y petroleros. Se trata del único sector económico donde es posible que la productividad del trabajo retroceda en lugar de avanzar debido a la reducción de la fertilidad natural del terreno. Esto se refleja también en una alta volatilidad de sus precios en el mercado global, aumentando el riesgo de sus inversores. Por esta razón, la propia burguesía mundial tiende algunas veces a transferir este riesgo al Estado, mientras obtiene jugosas ganancias con una prudente participación accionarial minoritaria.

Ejemplo de esto es el mismo Chile, donde ni siquiera el general Pinochet llegó a revertir la estatización burguesa del cobre efectuada por Allende, limitando la participación privada a algunos proyectos específicos. En el caso de Venezuela el Estado es el propietario formal del petróleo pero la yanqui Chevron y la española Repsol poseen la tercera parte de las acciones de algunos proyectos. Y en caso de Bolivia, en realidad su participación estatal es mucho más limitada, ya que si bien el gobierno de Evo Morales aumentó el cobro de regalías, el gas y los minerales siguen en manos de las transnacionales[9].

Vemos, entonces, que el grado de estatización de los recursos naturales no depende tanto de la ideología del gobierno de turno, sino de los cálculos financieros que hace la propia burguesía imperialista.

Insuperable atraso económico

Hasta el momento hemos demostrado que países como Bolivia, Venezuela o Nicaragua, son tan capitalistas como Chile, Perú o México. Sin embargo, tienen algo más en común: son países muy atrasados.

Y es en este punto donde realmente fracasan por completo todos los discursos políticos dominantes, tanto el neoliberal como el bolivariano. Porque si hay algo completamente cierto, es que ninguno de estos dos “modelos” de capitalismo ha logrado sacar del atraso a estos países. Aún hoy todos estos países de América Latina siguen, por ejemplo, por debajo de Argelia, un pobre país árabe del norte de África:

Mundo (32 países): Productividad del trabajo como PBI por cada trabajador, 2018 (a $)[10]

País

2018

País

2018

Kuwait

 116 025

México

 40 163

Estados Unidos

 114 990

Cuba

 36 390

Puerto Rico

 99 961

Brasil

 32 578

Francia

 95 846

China

 29 499

Inglaterra

 81 334

Venezuela

 27 550

Japón

 76 419

Marruecos

 25 768

Turquía

 73 147

Perú

 22 868

Corea del Sur

 70 802

Ecuador

 22 306

Grecia

 65 816

India

 18 565

Portugal

 60 305

Nigeria

 18 315

Argelia

 54 807

Bolivia

 15 585

Rusia

 53 012

Nicaragua

 12 109

Chile

 50 669

Siria

 9 629

Argentina

 46 753

Afganistán

 4 897

Uruguay

 45 117

Haití

 4 213

Sudáfrica

 42 894

Corea del Norte

 2 695

Como se puede observar, estos países de América Latina tienen en la actualidad una productividad del trabajo tan baja que no logran superar siquiera a Argelia. Perú y Ecuador incluso descienden por debajo de Marruecos, la ex colonia de España. En el caso de Bolivia y Nicaragua su nivel se hunde por debajo de Nigeria. Y Haití está por debajo de países en guerra como Siria y Afganistán.

La única excepción es la colonia yanqui de Puerto Rico, una pequeña isla de solo 3 millones de habitantes prácticamente concentrados en su capital que, como sucede con otras capitales del tercer mundo, recibe constantes inversiones extranjeras en tecnología lo que explica su elevada productividad del trabajo[11]. Sin embargo, los datos del periodo 2006-2018 muestran una acelerada tendencia decreciente en su productividad del trabajo, que de mantenerse regresaría a Puerto Rico a su puesto tradicional en el conjunto de naciones atrasadas.

Esta es la realidad económica que oculta la prensa burguesa y reformista: el atraso histórico insuperable de nuestras naciones[12].

No obstante, algún economista burgués podría argumentar que si bien en la actualidad América Latina está rezagada, eso no significa que en el futuro algún país no podría alcanzar a alguna potencia, sobre todo si su productividad del trabajo crece hoy a una velocidad mayor. Sin embargo, esto es una mera especulación.

Si intentáramos realmente predecir la productividad del trabajo de estos países tendríamos que captar la tendencia real de su movimiento durante determinado periodo de años y no limitarnos al promedio anual que siempre simplifica la realidad. Con esta intención presentamos a continuación el cálculo que hemos realizado en base al modelamiento matemático de la tendencia desarrollada entre los años 2006 y 2018, periodo que por varias razones es decisivo para hacer esta proyección[13]:

Mundo (21 países): Productividad del trabajo como PBI por cada trabajador, proyección al año 2030 (a $)

País

Año 2030

Mínimo

Máximo

Estados Unidos

 126 226

 122 137

 130 314

Francia

 102 093

 95 506

 108 680

Turquía

 86 984

 66 833

 107 135

Corea del Sur

 86 296

 82 236

 90 356

Portugal

 66 257

 62 135

 70 379

Kuwait

 63 337

 47 120

 85 136

Argelia

 62 290

 53 451

 71 129

Rusia

 61 743

 55 084

 68 403

Uruguay

 60 337

 57 311

 63 363

Grecia

 59 502

 53 723

 65 901

Chile

 57 309

 53 686

 61 177

China

 47 502

 44 486

 50 517

Cuba

 43 816

 40 880

 46 752

Marruecos

 36 911

 35 224

 38 679

Perú

 30 972

 28 629

 33 315

India

 27 785

 26 838

 28 733

Bolivia

 23 080

 20 568

 25 899

Nicaragua

 14 109

 11 775

 16 905

Siria

 4 989

 2 752

 9 045

Haití

 3 767

 3 328

 4 264

Corea del Norte

 3 114

 2 865

 3 362

Como se puede observar, las viejas potencias imperialistas (EEUU, Francia, Portugal), siguen conservando sus posiciones en esta proyección.

En el caso de Turquía y Corea del Sur vemos que se mantienen por debajo de Francia, pero aún por encima de Portugal esto más por la decadencia extrema de este viejo imperio[14] que por el dinamismo de Turquía y Corea del Sur, dos países atrasados que la burguesía ha integrado a la OCDE[15] (“club de países ricos”) con el único fin de crear falsas esperanzas en los pobres del tercer mundo.

En el caso de Grecia, que también pertenece a la OCDE, vemos como la última gran crisis capitalista ha puesto en evidencia su condición histórica de nación atrasada de Europa del Este[16]. Ni con su máximo valor probable ($ 65 901) podría alcanzar al valor mínimo probable de Corea del Sur ($ 82 236) en 10 años. Algo parecido sucede con Kuwait, un pequeño país petrolero de cinco millones de habitantes que únicamente por su tamaño y excepcional fertilidad petrolera llegó a superar a los EEUU en productividad del trabajo[17]. En el caso de la “potencia nuclear socialista” de Corea del Norte, conserva su último lugar en el conjunto de países atrasados estudiados[18].

En relación al club de falsas potencias “emergentes” del BRICS, vemos como Rusia, India y China permanecen por debajo de países africanos como Argelia o Marruecos.

Finalmente, en el caso de los países latinoamericanos sus perspectivas son igual de miserables. Uruguay, Chile, y Cuba se mantienen en su atraso, por debajo de Argelia. Perú, Bolivia y Nicaragua permanecen por debajo de Marruecos. Por último, la tantas veces invadida Haití se mantiene por debajo de Siria quebrada por la guerra.

Este es el verdadero futuro de América Latina y del conjunto de países atrasados bajo el capitalismo, todo lo demás es verso político para incautos.

La opresión del imperialismo

El atraso de América Latina se mantiene y profundiza gracias a la opresión de las potencias imperialistas que sobreendeudan sus naciones y saquean sus recursos naturales[19]. Y obviamente aquí vamos a demostrar que esto también se aplica tanto para los países con gobiernos neoliberales como para los países con gobiernos bolivarianos.

Veamos, en primer lugar, qué tan extendido está el uso de los famosos préstamos del Fondo Monetario Internacional en los países de la región (World Bank, 2019):

América Latina (14 países): Préstamos acumulados con el FMI entre los años 2006 y 2018 (en US $)

País

US $

Argentina

 59,307,767,186.90

Brasil

 44,138,434,986.70

México

 43,292,965,720.30

Venezuela

 38,886,310,459.00

Colombia

 11,391,964,020.00

Perú

 9,416,251,117.30

Ecuador

 5,506,012,546.70

Nicaragua

 3,340,834,981.60

Bolivia

 2,553,008,194.00

El Salvador

 2,525,761,632.50

Costa Rica

 2,412,938,682.30

Haití

 2,160,704,156.90

Honduras

 2,129,734,886.50

Paraguay

 1,464,000,433.90

Aquí vemos como se derrumba el discurso bolivariano de que sus países habrían roto realmente con el FMI y sus políticas de saqueo y empobrecimiento.

Por ejemplo, Venezuela supera en préstamos acumulados a Colombia y Perú, a pesar de que el 2007 Hugo Chávez prometió que cortaría lazos con el FMI luego de pagar por adelantado las deudas con este organismo y con el Banco Mundial, sin embargo, “ese plan nunca se llevó a cabo porque hacerlo suponía un riesgo de un default técnico en el que los inversionistas podían exigir el reembolso inmediato de algunos bonos” (La República, 2019). Así, si bien el régimen bolivariano ha estado utilizando básicamente sus propios fondos dentro del FMI (“derecho especial de giro”) ha usado esta institución como garante frente a sus acreedores de Wall Street a quienes Maduro prometió pagar “hasta el último dólar” de sus intereses (El Espectador, 2014).

Bolivia, por su parte, supera en préstamos del FMI a varios países centroamericanos incluido Haití. Peor aún: si se revisan los datos correspondientes al pago de la deuda pública el año 2018 (como porcentaje del ingreso nacional bruto) encontramos que Bolivia supera incluso a Perú (World Bank, 2019). No debe sorprender entonces que la deuda pública externa de Bolivia se haya duplicado durante el mandato de Evo Morales (Quenallata, 2019) y que su ex ministra de planificación haya confesado que: “El trabajo que el Banco Mundial realiza con el Estado boliviano reafirma una alianza estratégica, fundada en el objetivo compartido de trabajar por el desarrollo del país. Los recursos que saldrán de esta operación beneficiarán a más de tres millones de bolivianos, que podrán acceder de una manera más digna a diferentes servicios de salud” (La Razón Digital, 2018). El mismo discurso servil de los neoliberales.

Igualmente, junto con la subordinación a las instituciones financieras del imperialismo contamos con las cifras de la cantidad de inversión extranjera que ha venido ingresando en cada país medida como porcentaje de su producción anual (PBI). Para sintetizar estos datos hemos promediado los porcentajes que corresponden a los años del periodo 2006-2018 (World Bank, 2019):

Ingreso neto de inversión extranjera directa como porcentaje del PBI, 2006-2018 (promedio)

País

%

Panamá

9.63

Chile

7.19

Nicaragua

6.30

Honduras

6.13

Costa Rica

6.10

Uruguay

5.33

Perú

4.50

Colombia

4.02

Brasil

3.34

Bolivia

2.64

México

2.64

El Salvador

2.37

Guatemala

2.01

Argentina

1.96

Haití

1.79

Paraguay

1.26

Ecuador

0.80

Venezuela

0.74

Como se observa, en el caso de Bolivia y durante el gobierno “indígena” de Evo Morales la inversión extranjera fue proporcionalmente igual a la inversión recibida en México durante los gobiernos “neocoloniales” de Calderón y Peña Nieto[20]. Incluso, en el caso de Nicaragua, esta proporción es mucho mayor a la de países “neoliberales” como Perú o Colombia. Por último, en un país casi colonizado como Haití la inversión extranjera tiene menos peso en su economía que en Bolivia o Nicaragua.

Ahora bien, si nos detenemos a examinar el origen de estas inversiones encontramos que en el caso de Nicaragua, son Venezuela y México sus principales inversores aunque siempre por debajo de los EEUU. En el caso de Bolivia, capitales peruanos tienen peso en el total de sus inversiones extranjeras[21], sin embargo, son superados por las inversiones acumuladas de Francia y España que desplazaron a los EEUU[22] como potencias dominantes de este país bolivariano (CEPAL, 2018: 69-71). A estos países ahora hay que añadir a Alemania que hizo un jugoso contrato con Bolivia para saquear sus enormes reservas de litio[23].

Aquí vemos otra prueba más de cómo los gobiernos “nacionalistas” de las burguesías nativas no rompen realmente con el imperialismo, lo que sucede es que negocian con un imperio apoyándose en otro:

En muchos de los países latinoamericanos, la ascendente burguesía nacional, buscando una mayor participación en el botín y aun esforzándose por aumentar la medida de su independencia -es decir, por conquistar la posición dominante en la explotación de su propio país- es cierto que trata de utilizar las rivalidades y conflictos de los imperialistas extranjeros con este fin. Pero su debilidad general y su retrasada aparición les impide alcanzar un más alto nivel de desarrollo que el de servir a un amo imperialista contra otro. No pueden lanzar una lucha seria contra toda dominación imperialista y por una auténtica independencia nacional por temor a desencadenar un movimiento de masas de los trabajadores del país, que a su vez amenazaría su propia existencia social (Trotsky, 2001).

Este sometimiento real al imperialismo pretende ser ocultado a las masas con frases demagógicas. Un ejemplo de esto es Bolivia, donde su ex vicepresidente Álvaro García Linera (2006) fabricó un discurso particularmente pretencioso y cínico:

Hoy pensamos que, al menos, podemos idear un modelo para que lo comunitario deje de estar subsumido de manera brutal a la economía industrial, evitando que lo moderno exprima y quite todas sus energías a lo comunitario, potenciando su desarrollo autónomo. Para ello contamos con el Estado y con el excedente de los hidrocarburos nacionalizados. El triunfo del MAS abre una posibilidad de transformación radical de la sociedad y el Estado, pero no en una perspectiva socialista (al menos en corto plazo), como plantea una parte de la izquierda. […] Lenin proponía soñar con los ojos abiertos, lo que significa tener la capacidad de mirar el horizonte estratégico, pero saber manejar la táctica. El capitalismo andino-amazónico es la manera que, creo, se adapta más a nuestra realidad para mejorar las posibilidades de las fuerzas de emancipación obrera y comunitaria a mediano plazo. Por eso, lo concebimos como un mecanismo temporal y transitorio.

Aquí se expone pues, de forma burda por cierto, la vieja tesis menchevique y estalinista de “revolución por etapas”, es decir, la idea de que es necesario que los países atrasados desarrollen primero el capitalismo al máximo antes de hablar de construir el socialismo (en un solo país), incluso durante la época de decadencia universal del capitalismo. En la práctica estas ideas reaccionarias no han visto su verificación en ninguna parte y los países bolivarianos no son la excepción.

En realidad, lo más cerca en Bolivia a dejar de estar “subsumido de manera brutal a la economía industrial” ha sido el gasolinazo impuesto por el gobierno de Morales y García en diciembre del 2010 y que casi pagan con su caída, debido a la movilización revolucionaria que provocó. Lo más próximo a “evitar que lo moderno exprima lo comunitario” ha sido la masacre de campesinos indígenas de la reserva del TIPNIS a manos de este mismo gobierno demagógico, en septiembre del 2011, bajo el pretexto de construir una carretera para que las transnacionales puedan llevarse más fácilmente los recursos de Bolivia[24].

Mucho más honesto fue García Linera cuando se dirigió a los gerentes de la transnacional japonesa Sumitomo, dueña de la mitad de los minerales de Bolivia: “Estoy aquí para reafirmar el compromiso del Gobierno de Bolivia con la empresa Sumitomo, para darle garantías. No se asuste…” (EFE, 2015). Y efectivamente, no tenían por qué asustarse, ya que tres años después de estas tranquilizadoras palabras Sumitomo obtenía ingresos por aproximadamente 5 mil millones de dólares mientras sus trabajadores aún no reciben “el pago de salarios dominicales y horas extras devengados desde 2007” (Sputnik, 2019) y los pobladores de La Paz y El Alto se ven obligador a tomar agua con arsénico, mercurio y plomo (Lemus, 2019).

Este es el verdadero rostro del capitalismo “andino-amazónico” que como hemos visto no ha contribuido en absoluto a la industrialización de Bolivia, por el contrario, este país aún se mantiene y se mantendrá por debajo de varias naciones africanas esclavizados por el imperialismo. Y lo mismo sucede y sucederá con todos los países bolivarianos y de América Latina si es que el proletariado lo permite.

La lucha por el socialismo                                                                                       

En la época de la decadencia del capitalismo, donde los monopolios dominan el mercado mundial y subordinan a las burguesías nativas a sus intereses ya no es posible hablar del rol progresivo de ninguna forma de nacionalismo burgués. Solo el proletariado autoorganizado, armado y a la cabeza de todos los explotados será capaz de liberar a todas las nacionalidades oprimidas por el imperialismo, desconociendo por completo todas las deudas y tratados contraídos, y expropiando sin pago y bajo control obrero todas sus empresas y las de sus socios menores de la burguesía nacional.

Sin embargo, el proletariado no podrá limitar su dominio sobre la burguesía a un solo país, peor aún si este es atrasado. Deberá extender la revolución socialista a nivel internacional buscando el triunfo de su clase también al interior de las potencias imperialistas. Solo así, con la colaboración del proletariado de los países tecnológicamente avanzados, será posible sacar del atraso al resto de naciones del mundo y garantizar las condiciones mínimas para el triunfo del verdadero socialismo que será mundial o no será. Luchar por una federación de países socialistas soviéticos de América Latina como parte de una federación mundial socialista, esa es la primera divisa del verdadero revolucionario internacionalista.

Evidentemente la liquidación del capitalismo no podrá realizarse de la noche a la mañana como sueñan los anarquistas mientras no ocupan algún ministerio. Será inevitable y necesaria una transición en la que junto con los sectores más avanzados del socialismo coexistirán elementos del pasado capitalista y precapitalista. Por ejemplo, será inevitable seguir intercambiando productos con los países capitalistas donde la revolución aún no haya triunfado, haciendo uso del monopolio estatal del comercio exterior, medida que no corresponde al socialismo sino al capitalismo de Estado. Pero esto no tendrá obviamente nada que ver con el “modelo bolivariano”, donde las burguesías importadoras y exportadoras siguen especulando y enriqueciéndose sin freno.

Cuanto más rápido triunfe la revolución proletaria en los países industrializados, más rápida será la transición al socialismo y la liquidación completa del capitalismo. Sin embargo, su retraso obligará al gobierno obrero a ser más paciente con la pequeña burguesía trabajadora del campo y la ciudad. Su transición al trabajo colectivo y socialista será más lenta. Lo mismo sucederá con la superación de la división entre el trabajo manual e intelectual que seguirá imponiendo diferentes remuneraciones entre los trabajadores. Finalmente, el verdadero socialismo jamás buscó la igualdad absoluta, sino la igualdad en el control de los medios de producción cuya posesión individual actual choca todos los días con su carácter social y global impuesto por el desarrollo del propio capitalismo.

En conclusión: solo con el derrocamiento revolucionario de todos los gobiernos burgueses, ya sean neoliberales o bolivarianos, será posible iniciar la construcción del verdadero socialismo para poner fin a la desigualdad, la miseria, el atraso y la opresión que nos impone la decadencia del capitalismo. Y debido a que sus dirigentes reformistas se oponen a seguir este camino, el proletariado debe refundar su propio partido revolucionario, la Cuarta Internacional. Este es el único camino realista que tienen los trabajadores para alcanzar el bienestar y la felicidad que tanto anhelan.

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[1] CEPAL (2019: 25). Estas cifras, mucho más elevadas que las mostradas regularmente por la prensa, son el resultado de una nueva metodología aplicada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), donde se hace uso además de las encuestas para hogares, de la información tributaria disponible.

[2] CEPAL (2019: 85-86). Hay que tener en cuenta que con la nueva metodología de la CEPAL estas cifras aumentan significativamente (CEPAL, 2019: 47).

[3] Escobar (2016: 3). Debemos advertir que en este estudio el criterio que define las pequeñas fincas varía de menos de 200 hectáreas (Argentina) a menos de una (Haití).

[4] Por “Holodomor” o “Golodomor” se conoce a la hambruna producida en Ucrania durante la colectivización forzada impuesta por el régimen burocrático estalinista en la URSS. Desde entonces la burguesía ha utilizado este hecho criminal para desprestigiar sin fundamento al socialismo. El estalinismo fue la traición al socialismo no su realización. 

[5] En su mayoría se trata en realidad de vendedores ambulantes, es decir, de proletarios sin empleo que la burguesía llama “microempresarios” para alimentar sus ilusiones y sobre todo para encubrir las verdaderas cifras del desempleo industrial. La misma operación de encubrimiento la realiza cuando excluye a las esclavas domésticas (“amas de casa”) de la población económicamente activa.

[6] Como ya hemos demostrado en un artículo publicado el año 2015, en Cuba se impuso también la restauración del capitalismo con la disolución de la URSS, pero bajo un ritmo mucho más lento. No obstante en la actualidad este proceso está ya bastante avanzado como lo demuestra el restablecimiento formal del derecho a herencia (Comité Ejecutivo del NRCI, 2015).

[7] Gasparini y otros (2015). El valor para América Latina corresponde al promedio entre los países seleccionados en el estudio.

[8] Curiosamente es en Venezuela y Argentina, y no en Chile o Perú, donde la desigualdad de ingresos en el sector público es incluso mayor a la del sector privado (Gasparini, 2015). ¿Es esta la supuesta igualdad socialista de la que tanto habla el chavismo?

[9]Otro dato a tener en cuenta es la letra chica de aquella nacionalización de los hidrocarburos. Porque en rigor no hubo expropiación, sino una mayor participación del Estado en la renta y en las decisiones. Se podría decir de hecho que se trató casi de una reforma impositiva” (Gonzáles, 2019). Y nuevos proyectos gasíferos como Incahuasi mantienen esta línea: la transnacional francesa Total participa con el 50%, mientras que la estatal YPFB Chaco posee solo un 10% (Reuters, 2016).

[10] World Bank (2019). A dólares de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA) constantes de 2011. El Banco Mundial usa los datos de la OIT, pero obviaron los de Cuba que completamos revisando directamente el sitio web de la OIT. Debemos advertir que esta forma de medir la productividad del trabajo no es la más adecuada ya que se ve afectada por la jornada laboral (que en países atrasados como Corea del Sur, Grecia o México es muy alta). La forma más exacta es haciendo uso del PBI (Producto Bruto Interno) por hora trabajada, indicador que lamentablemente solo se estima para los países de la OCDE.

[11] Trotsky (2000b) explicó este fenómeno con la ley del desarrollo desigual y combinado: “El desarrollo desigual expresa principalmente el hecho de que los distintos países atraviesan diferentes épocas. Países adelantados y atrasados: esa es la expresión más elemental de la ley. Sin embargo, la evolución ha demostrado que los países atrasados complementan su atraso con los últimos avances. De ahí surge el desarrollo combinado, que demostré en la Historia [de la Revolución Rusa] con el ejemplo de Rusia”.

[12] Sobre la importancia de la productividad de trabajo y su superioridad frente a indicadores como el PBI per cápita recomendamos leer nuestro artículo ¿Es China una potencia Imperialista? (Vargas, 2016).

[13] En primer lugar, el 2006 es el año de ascenso al poder de Evo Morales en Bolivia y de Daniel Ortega en Nicaragua. En segundo lugar, es la antesala del inicio de la más reciente crisis capitalista mundial (2007-2008). Es necesario advertir también que esta proyección matemática tiene algunas limitaciones. Una de ellas es que el capitalismo por definición es cíclico, tiene alzas y bajas abruptas que los modelos matemáticos no siempre son capaces de captar. Para los países cuya proyección es de crecimiento lineal o exponencial esta proyección es, por tanto, “optimista” porque asume que no sufrirán caídas abruptas en los próximos 10 años. Por otro lado, se trata de una muestra pequeña de solo 12 años. Así, con el fin de alcanzar la máxima confiabilidad estadística, se han excluido del análisis de regresión los países con distribución no-normal de los residuos (Japón) o con un p-valor en la distribución F superior al 1% (Inglaterra, Argentina, Ecuador, Brasil, Afganistán, Sudáfrica, Puerto Rico, México, Venezuela, Nigeria). Igualmente, solo se usaron funciones lineales o exponenciales evitando otras más complejas (con “caídas” o “subidas” abruptas), escogiendo el modelo con un coeficiente de determinación mayor. En el caso de los países con correlación serial en los residuos (China, Corea del Norte, Nigeria, Venezuela, Nicaragua y Turquía) o efectos ARCH (Nicaragua) se hizo uso de regresiones Prais-Winsten o Newey-West respectivamente. Y si hemos extendido esta proyección a los próximos diez años y no a menos, es para no dejar espacio a especulaciones sobre el futuro de estos países. Los valores “mínimo” y “máximo” corresponden al intervalo de confianza a un nivel del 99% en la distribución t. El análisis estadístico fue realizado con ayuda del software Stata v. 15.0.

[14] La explicación del carácter excepcional de Portugal en el contexto mundial la presentaremos en un artículo de próxima publicación. Anotemos por ahora que desde el punto del capital financiero acumulado este país está muy por encima de todas estas seudopotencias. La clave precisamente para definir si un país es una potencia o no, está en hacer la comparación no con el mismo país, no con algunos países, sino con todos los países sin excepción: “…hace falta tomar no hechos aislados, sino todo el conjunto de hechos que atañen al problema que se examina, sin una sola excepción, pues, de otro modo, surgirá inevitablemente la sospecha, muy legítima, de que los hechos han sido escogidos o reunidos de forma arbitraria” (Lenin, 1973: 80).

[15] Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico. La burguesía ha integrado también a varios países ex soviéticos cuya productividad del trabajo también supera a Portugal pero se mantiene por debajo de Japón, verdadero umbral de las potencias imperialistas.

[16] El promedio de la tasa de crecimiento (o mejor dicho decrecimiento) de Grecia en el periodo 2006-2018 es de -1%, es decir, su productividad del trabajo en lugar de avanzar está retrocediendo (como la de Venezuela). Es muy probable entonces que caiga por debajo de Uruguay como sugiere esta proyección. Se trata, pues, de un pobre país de Europa del Este que los estalinistas y falsos trotskistas insisten en calificar de potencia imperialista con el fin de lavarse las manos frente a una invasión de verdaderas potencias acreedoras como Alemania o EEUU.

[17] Sobre la distorsión que ocasiona esta extraordinaria fertilidad natural en el cálculo de la productividad del trabajo recomendamos leer nuestro artículo Venezuela: la crisis del capitalismo del siglo XXI (Vargas, 2017).

[18] Las cifras del atraso nuclear de Corea del Norte se pueden encontrar en el artículo Los genocidas de Hiroshima amenazan Corea del Norte (Vargas, 2017).

[19]El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países ‘avanzados’” (Lenin, 1975: 5-6).

[20] Algunas veces los promedios tienden a ocultar casos especiales como lo sucedido el año 2013, cuando este porcentaje se elevó en Bolivia a 5.71%, superando el valor promedio en la región. 

[21] Algunos de estos capitales son: Grupo Romero (Industrias de Aceite Fino, Ransabol, Banco de Crédito BCP y Alpasur), Grupo Rodríguez (PIL Andina, Nestlé y Soboce), Delosur (KFC y Starbucks), Inversiones Rockys, Aceros Arequipa, Belcorp (Ebel) y Yanbal (Rojas & Vásquez, 2019). Se trata básicamente de intermediarios del capital financiero yanqui y europeo.  

[22] Sin embargo, eso no significa que EEUU no tenga aun grandes inversiones en Bolivia. De hecho, el año 2017 efectuó fuertes inversiones en Comunicaciones, Comercio y Finanzas (BCB, 2018: 25).

[23] Debido a protestas contra este contrato con Alemania y el inicio de la crisis de su gobierno, Evo Morales terminó cancelando este contrato (Reuters, 2019), días antes de su renuncia por pedido expreso de sus generales, agentes directos de EEUU. Es evidente, entonces, que la caída de Morales se explica también por la disputa económica entre estas potencias imperialistas.

[24] Lizárraga & Vacaflores (2014: 31) reconocen que estos conflictos “exhiben el carácter contradictorio de las políticas de Estado que privilegian una visión neocolonial y extractivista y distorsionan la propia Constitución Política del Estado”.

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