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LA REBELIÓN DE CENTROAMÉRICA Y EL CARIBE

Por: Dorian Gonzáles

El capitalismo es un sistema basado en la explotación del hombre por el hombre y que produce miseria. Y en su última fase imperialista de descomposición, sus representantes buscan la forma de redoblar el ataque contra el proletariado hambriento. Centro América y el Caribe ha pasado de la colonización europea hasta la actual dominación por Estados Unidos. Estos países han sido llevados a la quiebra, devastados por una economía subordinada a las transnacionales y al crédito internacional, la política se ha convertido en un festín donde la burguesía usa sus mejores trajes para engañar a las masas, y estas hambrientas sufren golpe tras golpe la represión, el saqueo y la invasión militar. 

La Haití rebelde se ha levantado una y otra vez, luego de ser el primer país del continente en lograr su independencia, vivió tres invasiones militares norteamericanas. Hace tan solo unos meses se recordaban los 50 años de la masacre de Cazale perpetrada por la dictadura Duvalier contra campesinos indefensos. La realidad no ha cambiado en la isla que Haití comparte con República Dominicana, marcada por la intervención militar desde el 2004, el terremoto del 2010, huracanes el 2016 y las continuas farsas electorales y el sobreendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional.

EL PRESIDENTE BANANERO

Tras varios procesos marcados por fraudes y escasa participación fue elegido presidente el empresario bananero Jovenal Moisé en noviembre de 2016. Desde el inicio, esta nueva máscara democrática enfrentó protestas multitudinarias. 

Cambiando la MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) por la MINUJUSTH (Misión de las Naciones Unidas de Apoyo a la Justicia de Haití), en abril de 2017 es que se pretendió encubrir la intervención militar y control político de EE. UU. en esta colonia antillana con más de 4 mil agentes militares y policiales. 

En junio de 2017 se encontraban protestando los obreros textiles encabezados por la Confederación Nacional de Trabajadores Haitianos (CNOHA), la Platfom Sendikal Izin Tekstil-BO (Plasit-bo/creole) y la Asociación Sindical de los Trabajadores Textiles (Gosttra). Estos pedían aumentos salariares por los miserables  4 dólares que recibían y que frente al aumento de la gasolina y el querosene se veían reducidos a nada. Las cínicas transnacionales Astro Cartón Haití SA, El Haitiano Wilbes SA, Deportes del Pacífico SA Haití y Textiles Yum Kwang SA, amenazaron con marcharse del país si las protestas no se detenían. Para septiembre del mismo año estallaron nuevamente las protestas por la subida de los impuestos en varios servicios públicos, propuesta presentada por Moisé en interés del FMI.  Se incrementó de 40 a 95 dólares el costo por la emisión de pasaporte, además de subir en 50% los costos en las licencias de conducir. Sumado a esto, los escándalos de corrupción en el poder pusieron en crisis al gobierno. Muchos funcionarios están involucrados en el desvío de 4.3 millones de ingresos petroleros de Venezuela de los fondos de Petrocaribe que debían estar destinados a la construcción de carreteras, escuelas y hospitales, según informes del propio parlamento, además de involucrar a una empresa que dirigía el actual presidente. 

Nuevamente el 6 julio de 2018, tras el anuncio de una subida en el precio de los combustibles acordado con el FMI, se desató la revuelta popular. El gobierno no tuvo más remedio que revocar la medida “hasta nuevo aviso”. Murieron 7 personas y tuvo que renunciar el primer ministro Jack Guy Lafontant y todo su gabinete siendo sustituido por Jean Henry Ceant.

La irrupción de la violencia en Haití alertó a organismos internacionales como la Comunidad del Caribe que temieron por la destrucción de “propiedades e infraestructura” llamando a la “contención” para “poner fin a las protestas” mientras abogaba por un “diálogo pacífico” que sea garantizado por la intervención de los organismos internacionales de la burguesía. Las embajadas de EE. UU., Brasil y Canadá llegaron a evacuar a su personal diplomático. La represión instaurada como política pública de la burguesía mundial se ha develado una vez más en el país más hambriento de América.

En noviembre del mismo año se inició otra ola de protestas exigiendo la renuncia del presidente al estar involucrado en casos de corrupción mientras los alimentos seguían encareciéndose. “Debemos poner fin a la explotación de la minoría burguesa que se ha beneficiado durante más de 200 años: deben aceptar ganar menos para que la gente pueda vivir un poco mejor”, declaraba un joven que salió a manifestarse. De octubre a noviembre murieron 6 manifestantes más. 

Y es que la juventud proletaria ha salido a las calles reconociendo a la burguesía como su enemigo de clase atacando sus propiedades. La prensa internacional los llama “vándalos”, “saqueadores”. Los únicos que han vandalizado y saqueado el país, han sido las transnacionales y el Fondo Monetario. Los mercenarios de la información no dudaron en proclamar a las manifestaciones como “una de las peores revueltas que ha vivido la convulsa nación caribeña”.  

NUEVAS PROTESTAS

El 2019 inició con nuevas manifestaciones durante el mes de febrero, producidas por la crisis de suministro eléctrico a causa de la falta de abastecimiento de combustible. El resultado de la represión fue de al menos 2 muertos, 3 vehículos quemados, 1 estación de policía atacada, 36 arrestos, durante la protesta nacional que se registró la primera semana en las principales ciudades del país: Puerto Príncipe, Gonaïves, Mirebalais, St-Marc, Jacmel, Gonaïves, Cap-Haitien, Mirebalais, Jérémie y La Gonâve. Venezuela venía suministrando petróleo barato, pero al entrar en crisis por la caída de los precios a nivel mundial, no tuvo más remedio que retirar el abastecimiento, provocando que se encarezcan todos los precios y con ellos todo el costo de vida mes tras mes. Esto demuestra que la economía de los países se encuentra totalmente ligada.

La casa del mandatario fue apedreada en medio de enfrentamientos con la policía que dejaron más muertos por las calles incendiadas. La crisis amenazaba con desbordarse y la burguesía empezaba a hablar de la salida ordenada de Moisé: “se puede buscar financiamiento para recapitalizar, cerrar o transferir la administración de la empresa a otra persona, pero ya no puede permanecer callado”, manifestaba el representante de la Asociación de Industrias de Haití en referencia al silencio del presidente y su primer ministro. También la Cámara de Comercio se manifestó llamando al “diálogo transparente” para discutir “todos los temas, incluso la dimisión”. En ese mismo sentido se refirió la Asociación de EEUU en Haití para buscar el “interés común” y poner “fin a la crisis”. Para estos canallas el interés común, es el que generan los préstamos del capital financiero encadenando a la nación para garantizar su saqueo mientras se conserva el “orden constitucional”.

Una serie de partidos burgueses de oposición no tardaron en manifestarse y montándose sobre la lucha del proletariado haitiano declaraban que: “Esta vez, el presidente Jovenel Moise y su equipo deben escuchar la voz del país, del pueblo y renunciar para permitir que el país encuentre la fórmula correcta para sentar las nuevas bases de la sociedad haitiana”. Los que se adhirieron a este llamado fueron organizaciones como Merger, Organización del Pueblo en Lucha, Verite, Movimiento Patriótico Popular Dessalines, Haitianos por Haití, Partido Fusión de los Social-Demócratas y Movimiento Cristiano por una Nueva Haití. Aquí los vemos a todos unidos para garantizar una transición ordenada, conteniendo la rebelión de los esclavos asalariados y buscando repetir la petición del 2016 cuando algunos proponían el regreso de Jean-Bertrand Aristide (el Hugo Chávez de Haití) en un gobierno provisional. Ya sabemos que esto significa más mentiras como sucedió con su triunfo electoral de 1990 que preparó un golpe de Estado al año siguiente, y el de 2001 que terminó en la invasión imperialista del 2004. 

Como vemos, nada más falso en el capitalismo que un “gobierno democrático” o un ascenso del nivel de vida de sus esclavos proletarios. 10,5 millones de habitantes donde más de la mitad vive con 2 dólares o menos al día, con una inflación del 15%, un préstamo con el FMI de 114 millones de dólares a cambio de dejar de consumir el 100% de arroz que se producían en el país para llegar a importar el 80% de EE. UU., lo confirman. El capitalismo tiene preparado esto para todas las naciones de América Latina y el Caribe.

Luego de 50 años, la sangre del campo y la ciudad sigue ardiendo, levantamiento tras levantamiento, la juventud proletaria busca una salida a su miseria. Su suerte está atada al proletariado de los demás países del continente aplastados por la misma bota imperialista de Estado Unidos empezando por el proletariado de esta metrópolis capitalista. Los barrios latinos y en particular el haitiano deben unirse en esta lucha. Trump ha anunciado que el mes de julio se termina el asilo que dieron a miles de damnificados por el terremoto del 2010 en Haití e iniciarán las deportaciones. ¡El enemigo está en casa! ¡La política del Gran Garrote sigue vigente! Cruzando el Océano Atlántico el proletariado francés se ha puesto en guardia con los chalecos amarillos a la cabeza a la voz de: ¡Memes coupables, meme combat! (mismos culpables, mismo combate).

Las protestas en Haití representan la rebelión de las colonias contra la potencia imperialista. La intervención militar de la ONU, encabezada por EE. UU. y secundada por las burguesías nativas incluidas las bolivarianas del resto del continente, demuestra que la política se hace sobre el terreno de la lucha de clases. Y son las clases oprimidas las que se levantan por la carestía de vida y contra la ocupación imperialista en el país antillano. La ciudad ha demostrado su importancia en las revueltas, el proletariado fabril de las empresas textiles es el llamado a liderar las protestas contra el régimen político y económico que se traga la vida de los pobres del campo y la ciudad. Los empresarios de este sector amenazaron con irse del país si las protestas no se detenían. Lo que deben saber los obreros es que las fábricas no funcionan gracias a sus patrones sino que son los trabajadores que mueven la industria. ¡No necesitamos a esos parásitos!

UNA REGIÓN EN REBELIÓN

Por otro lado, en Honduras también se han producido fuertes manifestaciones por decretos que afectaban la salud y la educación públicas. El gasto para estos sectores se vio reducido de 32,9% del total en 2010 a 19,9% en el 2019 para la educación, en tanto para el sector salud se vio reducido de 14,3% a 9,7% en los mismos años. Luego de un mes de manifestaciones, el gobierno se vio obligado a retroceder en su intento de profundizar la privatización en estos sectores que data del 2015 con la llamada “Ley marco de protección social” y otras leyes para la salud y la educación.

Más de 70 manifestaciones tuvieron lugar el pasado 29 y 30 de mayo en donde fueron semanas de incendios y saqueos en las calles y tuvo lugar el incendio de la embajada norteamericana, para que los dirigentes gremiales, de la recientemente formada Plataforma de Defensa de Salud y la Educación de Honduras, acordaran levantar la medida con la puesta en pie de “mesas de diálogo”. Algunos dirigentes han levantado las medidas de fuerza y los trabajadores han empezado a retomar las labores, pero este engaño no durará demasiado cuando se den cuenta que la política del gobierno es seguir entregando las riquezas a los banqueros internacionales. Así lo confirman los acuerdos que tuvo el régimen con el Fondo Monetario Internacional y que la burguesía hondureña en la COHEP ha aplaudido el mes pasado ya que les permitirá “fomentar la inversión”.  

Esta Plataforma, conformada por los Colegios Profesionales de médicos y maestros junto a sindicatos del sector salud y educación entre otras organizaciones de trabajadores, con su política reformista están entregando la lucha en sus mesas de diálogo que han llamado a formar “con el único objetivo de construir el Plan Integral para el Fortalecimiento del Sistema Nacional de Salud y Educación de Honduras” dentro del actual régimen. Esta demanda no toca un milímetro el problema de fondo de la educación y la salud rematadas al interés privado. Tal es así que los decretos privatizadores fueron ya derogados. La política de la dirección de la Plataforma ha sido la conciliación abierta para detener de todas las formas posible la rebelión que desborda las calles. Mientras la dirección del movimiento impone la lucha pacífica, la juventud estudiantil es baleada por las fuerzas represivas del régimen como sucedió hace algunas semanas en la Universidad Autónoma de Honduras.

No tardarán en estallar nuevamente las protestas en un país marcado por la violencia política que se vive a diario. Tras 10 años del golpe militar al gobierno burgués del bolivariano Zelaya se han profundizado los recortes laborales, privatizaciones y la represión. Cansados de la política hambreadora del gobierno se ha producido este nuevo ascenso en la lucha luego de las olas migratorias que han terminado con miles de centroamericanos apostados en las fronteras de México y EE. UU. huyendo de la miseria y la desesperación que se vive. Recientemente se supo del caso de Óscar Martínez, un migrante salvadoreño que murió ahogado en la frontera de México y EEUU, junto con su pequeña hija.

El proletariado que recorre país por país se debe unir a sus hermanos de clase en cada nación, las filas del ejército de parados deben buscar la unidad con el proletariado ocupado de la ciudad como sucedió en Haití donde los barrios proletarios salieron a combatir junto a los trabajadores fabriles. Si la textilera Gildan despide sindicalistas en Honduras y Haití, peleemos por su reposición en ambos países y en todos los que explota esta transnacional. Esta es la única forma que podemos enfrentar a la burguesía que nos mantiene en la miseria en todos los países.

El levantamiento de las masas en Nicaragua contra el bolivariano Ortega ha terminado inspirando a las masas de sus naciones hermanas que enfrentan el mismo saqueo imperialista. Este ha demostrando que las burguesías nativas no tienen nada que ofrecer al proletariado, su vínculo con la burguesía transnacional los hace odiar más a las masas insurrectas de su país que al dominio del capital extranjero. La victoria del proletariado está en la unidad con las masas explotadas del campo, y junto a ellas el proletariado de los países opresores. Los latinos que agotan sus fuerzas en la maquinaria norteamericana son el nexo para irrumpir contra la burocracia sindical y la aristocracia obrera que desune la lucha de sus hermanos de clase en América Latina y el Caribe. La Cuba revolucionaria que han entregado los Castro al capital hotelero norteamericano y minero canadiense tiene que volver a levantarse sobre la lucha internacional del proletariado y no como recomendó Fidel aislando a las masas de los diferentes países.  

Centroamérica y el Caribe se levantan en medio de una tendencia reaccionaria que recorre a Sudamérica y el mundo, y esperan de sus hermanos de clase la colaboración inmediata. Las fronteras nacionales –como nos lo explicaron Marx y Engels en el Manifiesto Comunista– no son más que trabas para el proletariado que carece de patria, como millones de migrantes han demostrado. Su salvación está en luchar por unas Repúblicas Socialistas Soviéticas de América Latina bajo la Dictadura del Proletariado con apoyo de todos los explotados. Este impulso hará despertar al proletariado de las potencias, y será la única forma que el socialismo emprenda nuevamente la lucha sobre bases reales y no sobre falsas teorías del socialismo en un solo país como fuese decretado por Stalin y sus discípulos maoístas.  

UNA TÁCTICA PARA LA LUCHA

Así también, los fracasados Frentes Populares han demostrado que solo sirven para atar y engañar al proletariado con las burguesías nativas como sucedió con el Chavismo y el resto de los bolivarianos. Se debe pelear por la independencia política de clase frente a la burguesía y pequeña burguesía en los organismos de lucha de las masas. Para esto se necesita un partido de la clase obrera que acaudille a las masas empobrecidas del campo y la ciudad. Solo peleando por la refundación de la Cuarta Internacional, como la única bandera del proletariado, haremos de estas luchas el camino hacia la revolución socialista mundial contra la barbarie que impone el capitalismo.  

Los combates en Haití y el ascenso de la lucha en Honduras hacen necesario plantear una táctica adecuada que permita a las masas seguir el camino para lograr sus demandas que solo se asegurarán con la toma del poder del proletariado en alianza con el campesinado pobre. Debemos tomar en cuenta el ritmo lento de desarrollo de la revolución latinoamericana y de esta desprender las consignas más justas que planteamos para que se pongan a discusión en la vanguardia de la rebelión centroamericana como parte de la revolución socialista mundial.

Sin embargo, los reformistas de la LIT-CI o los “Socialistas Centroamericanos” que nos ofrecen la revolución democrática de Moreno, sacrifican los intereses actuales del proletariado a cambio de una falsa lucha por la democracia burguesa. Claman por “la construcción de un polo para el reagrupamiento de la clase trabajadora” (PST Honduras, LIT-CI, 31-05-19) o “desarrollar la democracia obrera a través de asambleas informativas, toma de decisiones” (PSOCA, 28-05-19), y esto lo hacen dentro del marco de la llamada Plataforma de Defensa. Estas corrientes ni siquiera han llamado a desconfiar o a vigilar a la dirección de la Plataforma. La LITCI decía que era “una dirección clara, que confió en la movilización antes que en las negociaciones”, y el PSOCA, solo que era “una de las conquistas organizativas más importantes de las últimas luchas” que inclusive integraba a las viejas burocracias sindicales que estos mismos reconocen. Mientras tanto la dirigente de la Plataforma mantiene reuniones con la embajada norteamericana para salvaguardar los intereses del imperialismo. De esta manera estos pseudotrotskistas sostienen a la dirección política de los organismos de lucha de las masas diluyéndose en estos porque comparten su programa económico y político reformista.

Para la LITCI la “génesis de nuestros males . . . es JOH y su régimen criminal”, y para el PSCA la tarea es que “los trabajadores presenten a la nación su propuesta de modelo del sistema de salud y educación, que debe ser una ruptura total con el ajuste neoliberal”. La LITCI es clara cuando pide “una Gran asamblea Nacional de luchadores y luchadoras, un espacio que sirva para discutir un acuerdo programático que refleje los intereses de todos los sectores en oposición a JOH”. Quieren un acuerdo programático con la burguesía opositora de Zelaya para con ella construir “una Plataforma Nacional de lucha contra la dictadura”, con ella su “Asamblea Constituyente”, sin ella nada. Aquí termina su “independencia de clase”. Estos pedidos al igual que el de la Plataforma son exclamaciones de reforma dentro la institución sometida a la oficialidad burguesa que es la columna vertebral del régimen militar-policiaco y que no se la pretende tocar ni un pelo.

Igual de pacifistas que la dirección de la Plataforma, estos morenistas no se conforman con pedir el apoyo de los mercenarios policiales del régimen que ya disparan contra los jóvenes en la vanguardia; entregan a las masas indefensas a sus verdugos cuando es necesaria la urgente formación de comités de autodefensa como el instinto revolucionario de las masas nicaraguenses demostró en su forma incipiente. Se debe desarmar al cuerpo de intervención y vigilancia en Haití.

La salud y la educación se van a financiar expropiando sin pago y bajo control obrero a las bananeras de Haití y a las de Honduras como la Standard Fruit Company que ya ha amenazado con irse del país ante las protestas de sus esclavos asalariados. Se debe pelear por un salario y empleo móvil en todas las empresas nacionales y extranjeras. La rebelión en Honduras debe centralizar sus fuerzas en un Congreso de todos los explotados donde participen también los soldados rasos exigiendo sus derechos políticos y que esté debidamente resguardado por fuerzas proletarias de defensa. Ante la cuestión agraria y nacional es necesario plantear como táctica una Asamblea Constituyente Revolucionaria que traiga abajo la dictadura en Honduras, llamando a la expropiación sin pago de la tierra y el capital extranjero, liquidando los tratados que quiebran el campo y las deudas que encadenan a la nación para financiar los servicios básicos.

En la Haití ocupada también debe agitarse estas consignas junto a la puesta en pie de organismos revolucionarios del proletariado necesariamente armados que sean el germen del órgano de poder revolucionario de las masas. La tarea inmediata es traer abajo el gobierno de JOH en Honduras y de Moïse en Haití. Este plan de lucha debe ser exigido a las direcciones reformistas de nuestros organismos obreros para desenmascarar su subordinación a la burguesía ante las masas.

La revolución proletaria busca abrirse paso en Centro América y el Caribe, nuestros hermanos de clase en el mundo son los llamados a solidarizarse efectivamente ante esta lucha. La Europa proletaria en su vanguardia francesa, ucraniana y griega debe responder al llamado al igual que el combativo proletariado de Medio Oriente y Asia.

¡Viva la rebelión en Centro América y el Caribe!

¡Por la refundación de la Cuarta Internacional!

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