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EL REFORMISMO FRENTE A LA REVOLUCIÓN SIRIA, LA RESISTENCIA IRAQUÍ Y LA CUESTIÓN KURDA: UNA NUEVA TRAICIÓN AL PROLETARIADO MUNDIAL

Ante el cuarto aniversario del levantamiento contra Al-Assad… 

Desde principios del siglo XX, el sistema capitalista se encuentra en su fase final imperialista de decadencia. Bajo el dominio del capital, todos los intentos por satisfacer sostenidamente las necesidades básicas de los trabajadores han fracasado. La peor parte se lo han llevado los explotados de las naciones oprimidas por el imperialismo. La esclavitud asalariada y la opresión nacional no se han atenuado, por el contrario se profundizan cada día más, llevando a las masas a padecimientos inauditos. Esto está reflejado perfectamente en la situación mundial actual, marcada por la más grande crisis del capital en décadas, crisis desatada a mediados del año 2007.

Frente a los redoblados ataques de la burguesía, el proletariado árabe encabezó la respuesta de los explotados, abriendo una cadena de revoluciones a fines del 2010 que trajo abajo uno tras otro gobiernos de décadas sostenidos por el imperialismo (Túnez, Egipto, Libia) y que amenazó con extenderse al continente europeo (Grecia, España, etc.). Sin embargo, la burguesía conspiró desde el primer día para traer abajo esas revoluciones sirviéndose sobre todo de las direcciones pequeño-burguesas que sometieron al proletariado a los políticos e instituciones de la clase dominante y bloquearon o desviaron la solidaridad internacional de clase. Fue esto lo que despejó el camino para nuevos ataques reaccionarios y explica también el repliegue de la revolución proletaria en Siria frente a la contra-ofensiva de Al-Assad. Esta misma política reformista de conciliación de clases se impuso sobre los trabajadores de Europa para impedir el contagio de las revoluciones de Magreb, dando tiempo a la burguesía para nuevos ataques y para el ascenso del fascismo que en Ucrania llegó a hacerse con el poder a principios del 2014. Mientras tanto en América Latina, se consolida la restauración capitalista en Cuba respaldada tanto por los gobiernos del TLC como por los “bolivarianos” que sometidos al imperialismo yanqui lanzaron nuevos ataques sobre las condiciones de vida y las luchas de los trabajadores del campo y la ciudad.

No es posible entonces comprender la actual situación en Siria e Irak sin partir de este contexto histórico inmediato marcado por la crisis del capitalismo, la revolución proletaria y la contra-revolución imperialista. Como bien señalamos en nuestra declaración de septiembre del año pasado: “Luego de pactar con Putin y Hezbolá reforzar con armas y hombres las fuerzas reaccionarias de Al-Assad, el imperialismo ha conseguido dividir el frente revolucionario sirio entre las pandillas burguesas del Ejército Libre Sirio (ELS), los islámicos  “moderados”, Al-Nusra y el “Estado Islámico de Irak y el Levante” (ISIS), llevando a las milicias del pueblo a una lucha fratricida”.  Contra la opinión pública mundial moldeada por la burguesía, los trotskistas del NRCI sostenemos que las milicias que dirige el ISIS (o IS) son explotados (sobre todo del campo) que se han levantado en Irak contra el gobierno colonial de EEUU y en Siria contra el genocida de Al-Assad a los que hay que sumar los cientos de jóvenes que llegan de Europa, Asia y América para sumarse a su lucha. Sin embargo, para nosotros también está claro que: “Del ISIS no se puede esperar otra cosa que una dirección burguesa de la guerra que socava el espíritu revolucionario del proletariado, esclaviza a sus mujeres, aplasta sus intereses de clase y su lucha por el pan, la tierra y la libertad imponiendo la ley islámica del medievo, lo separa de los explotados kurdos y de otras confesiones, es decir, está llevando la resistencia revolucionaria contra Al-Assad a la derrota”. Esto que señalamos en su momento no ha hecho más que confirmarse con cada nuevo acontecimiento que ha llevado a colocar específicamente la cuestión kurda en el centro del debate político internacional.

El Kurdistán es un territorio que se encuentra repartido entre los Estados de Turquía, Siria, Irak e Irán. La mayoría de los cerca de 40 millones de kurdos viven en Turquía, mientras que el resto se encuentra distribuido en los otros países mencionados y también en Europa. Se trata entonces de la mayor nación sin Estado del mundo. A pesar del terrible atraso económico que sufre, el Kurdistán es un territorio rico en petróleo pero también en recursos hídricos muy útiles para el árido Medio Oriente. En esto radica su importancia para el imperialismo junto con su ubicación transversal estratégica. Durante la primera guerra mundial, gracias a la colaboración de la burguesía nativa, los explotados del Kurdistán sirvieron a las potencias imperialistas de los Aliados bajo la promesa de que se les concedería la independencia sobre parte de su territorio histórico. Sin embargo, ni siquiera esto se cumplió y desde entonces el pueblo kurdo se encuentra dividido bajo el dominio de cuatro gobiernos que no han hecho más ahogar en sangre cada intento independentista de su parte. En la guerra entre Irak e Irán en los 80’s, los kurdos de ambos países fueron arrojados a una lucha fratricida para finalmente terminar aplastados por ambos gobiernos. Para el imperialismo yanqui fortalecer esta división era vital y por eso garantizó con su exitosa “guerra del Golfo” la autonomía política de los kurdos iraquíes, bajo la misma estrategia que se impuso primero en Sudáfrica con los bantustanes “independientes” y ahora en Palestina con los gobiernos colaboracionistas de Hamás y Al Fatah.

Cuando el imperialismo yanqui invadió Irak contó con la colaboración de las milicias kurdas (“peshmergas”), todo bajo la responsabilidad de la burguesía nativa y las direcciones pequeño-burguesas de las masas. Ahora vemos como EEUU vuelve a usar al pueblo kurdo dentro de su estrategia imperialista de dominación. El estalinista “Partido de los Trabajadores del Kurdistán” asentado sobre todo en Turquía, también sostiene esta política, después de haber abandonado ya abiertamente la causa por la independencia plena del Kurdistán luego del aprisionamiento de su líder, Abdullah Öcalan. No solo esto. La burguesía kurda asentada en Siria ha jugado un abierto papel contra-revolucionario al no respaldar el levantamiento de los explotados del país contra el gobierno de Al-Assad, pactando ser “neutrales” frente a la revolución de obreros y soldados incluso chocando abiertamente con ellos en varias ocasiones. La supuesta independencia política que han conseguido en el bantustán sirio no es más que un fraude como todas las promesas burguesas que se han hecho al pueblo kurdo. Una vez que el imperialismo termine de aplastar a las milicias del ISIS y de la resistencia iraquí, pasará aplastar a los kurdos de la mano de los gobiernos de Turquía, de Irán, de Siria y también de Irak. La independencia del Kurdistán pasa necesariamente por la derrota militar del imperialismo yanqui, del gobierno colonial de Bagdad y del gobierno genocida de Al-Assad. La necesidad de defenderse frente a los ataques reaccionarias del ISIS no justifica ni la colaboración política ni tampoco militar con el imperialismo que es finalmente el genocida número uno de Medio Oriente.

Si bien es cierto el ISIS tiene como política la división del frente militar contra Al-Assad y el gobierno iraquí, no es menos cierto que la dirección burguesa del Ejército Libre Sirio (ELS) y la resistencia en Irak ha hecho también todo lo posible para llevar a la derrota la lucha revolucionaria de las masas. Sostener lo contrario sería creer que los oficiales del ELS son menos reaccionarios y sirvientes del imperialismo que el califa del ISIS. Tanto el ELS como el ISIS son responsables de haber roto el frente militar contra Al-Assad. Solo restableciendo la unidad de las milicias que combaten a Al-Assad es posible el triunfo de la revolución siria. Más aún cuando el ISIS está reclutando a miles de jóvenes oprimidos en las grandes metrópolis europeas como Francia que prohíbe el uso del velo musulmán y tiene un largo historial de genocidios contra los pueblos árabes. Francia no solo ha sostenido las campañas del imperialismo norteamericano en Afganistán e Irak, sino que además ha invadido directamente Malí, su antigua colonia africana, también con el pretexto de combatir el “terrorismo islámico”. Si algo ha motivado el levantamiento de los explotados de Burkina Faso ha sido también la opresión del imperialismo francés. La prensa burguesa ha olvidado asimismo como el ejército francés desfilaba con las cabezas cortadas de los rebeldes de Argelia en los 60’s y de Marruecos en los 20’s. ¡Cínicos! Aquí el terrorista número uno es el imperialismo; la única crítica proletaria posible al acto de terrorismo individual sobre el periódico burgués islamófobo “Charlie Hebdo” es su completa inutilidad en la lucha por el derrocamiento revolucionario de la burguesía colonialista francesa.

Es evidente que el ascenso del ISIS se debe totalmente a la política derrotista pro-yanqui del ELS. Se sabe por ejemplo que cientos de milicianos del ELS están desertando a favor del ISIS. Por ejemplo, el periódico británico The Guardian (23/11/14) ha difundo los siguientes testimonios de milicianos sirios: “Nosotros no obtuvimos armas de EEUU para combatir al régimen por los últimos tres años. Solo ahora llegan armas para combatir al ISIS […] En el momento [declara otro] en que los combatientes de ISIS toquen el suelo de Homs, nosotros seremos los primeros que lucharemos junto a ellos en el frente. Esta coalición militar (dirigida por EEUU) no es contra el ISIS, es contra todo el Islam […] Les pediremos [a al-Nusra] que proclamen su alianza con ISIS y ser una sola mano para derrotar a Bashar (al-Assad) y todos los tiranos del mundo”. Está claro que la política abiertamente pro-yanqui del ELS y su gobierno provisional (CNS) es la que ha conducido a esta situación, donde un partido burgués islámico termina montándose sobre la lucha anti-imperialista de las masas de la misma forma que ocurrió con la revolución obrera y campesina iraní de 1979, mal llamada “revolución islámica chiita”. Lo mismo sucede con la resistencia palestina mal dirigida por los “terroristas islámicos” de Hamas. Por otro lado, el ISIS también está encabezando la insurrección de los explotados iraquíes que se rebelan contra el gobierno colonial de mayoría chiita que ha venido lanzando ataques brutales contra las masas de confesión sunita y con el respaldo de la burguesía kurda que envió a uno de sus dirigentes a fungir de presidente del protectorado iraquí.

La prueba definitiva de la política derrotista de la dirección burguesa del ELS es justamente haber aceptado formar parte de un frente militar común con el gobierno de Al-Assad y con el imperialismo norteamericano bajo el pretexto de defender a la población kurda del ataque de ISIS. Peor aún, todos parecen haber olvidado que el gobierno de Bagdad es un títere colonial de EEUU que merece ser derrocado. En el conflicto militar entre este gobierno colonial y el ISIS los revolucionarios no podemos ser neutrales: nos colocamos en el frente militar de la nación oprimida por el imperialismo. La burguesía kurda por el contrario colaboró con la invasión yanqui del 2003 y ahora está jugando el mismo papel contra-revolucionario. Esto tampoco sería posible sin la colaboración de las direcciones pequeño-burguesas de las masas. Ahora vemos como la izquierda reformista mundial ha unificado también su discurso, llamando todos aplastar a las milicias que encabeza el ISIS. Ya sea los estalinistas que apoyan Al-Assad o los socialdemócratas que respaldan al ELS, todos están sosteniendo directa o indirectamente la estrategia e intervención militar del imperialismo yanqui. Sin embargo, aquí vamos a detenernos a examinar la posiciones políticas de esos reformistas que pretendiendo confundir a la vanguardia obrera se hacen pasar por trotskistas. En primer lugar, tenemos a los mandelistas que también apoyaron la insurrección fascista en Ucrania. Su sección en Dinamarca participa de un frente de izquierda dentro del parlamento donde se puso a votación el apoyo militar del gobierno a la ofensiva de EEUU sobre Irak y Siria.

Su posición es bastante clara al respecto: “Que los socialistas daneses voten en el parlamento enviar un avión militar a Irak bajo comando de EEUU no es usual. Incluso menos usual es el hecho que yo –que me considero un marxista revolucionario- vote para apoyar esta decisión. Sin embargo, eso es lo que sucedió hace pocas semanas atrás. […] hay una coincidencia temporal de intereses entre el imperialismo y los socialistas sobre el tema simple de combatir al IS” [IV 476, 09/14]. Los mandelistas no tienen reparo entonces en reconocer su respaldo político a la estrategia del imperialismo yanqui, justificando su intervención militar sobre una nación oprimida. Ya Trotsky planteó diáfanamente cual es la posición justa de los marxistas revolucionarios sobre esta cuestión: “En Brasil reina actualmente un régimen semifascista al que cualquier revolucionario sólo puede considerar con odio [refiriéndose al dictador Getulio Vargas]. Supongamos, empero, que el día de mañana Inglaterra entra en un conflicto militar con Brasil. ¿De qué lado se ubicará la clase obrera en este conflicto? En este caso, yo personalmente estaría junto al Brasil “fascista” contra la “democrática” Gran Bretaña. ¿Por qué? Porque no se trataría de un conflicto entre la democracia y el fascismo. Si Inglaterra ganara, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y ataría al Brasil con dobles cadenas. Si por el contrario saliera triunfante Brasil, la conciencia nacional y democrática de este país cobraría un poderoso impulso que llevaría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. Al mismo tiempo, la derrota de Inglaterra asestaría un buen golpe al imperialismo británico y daría un impulso al movimiento revolucionario del proletariado inglés” [La lucha antiimperialista es la clave de la liberación, 1938].

Es evidente que los mandelistas se han puesto de lado de la Norteamérica “democrática” contra la resistencia iraquí “fascista” de la misma forma que la burguesía kurda colaboró con los yanquis contra el “fascista” Sadam Hussein. Y en Siria se han ubicado “temporalmente” en la misma trinchera del gobierno genocida de Al-Assad para aplastar a miles de milicianos que aunque están bajo la dirección podrida del ISIS, desean la caída del régimen tanto como las bases del ELS. Esto es justamente lo que intenta negar a toda costa el reformismo, llamándolos “fanáticos religiosos” o incluso asesinos pagados, como si semejante movilización de fuerzas pudiera explicarse por la religión o el mercenarismo. El PTS de Argentina por ejemplo, declara que solo se trata de una “guerra interreligiosa entre sunitas y shiitas, que recorre toda la región […] y es el trasfondo sobre el que ha surgido el EI [Estado Islámico]” [ft-ci.org, 11/10/14]. Para los falsos trotskistas de la IST de Inglaterra se trataría de un caso de mercenarismo como exponen en su pretencioso artículo “ISIS y la contra-revolución: hacia un análisis marxista”: “En una sociedad devastada por la guerra civil, donde millones han dejado sus casas, la oferta de trabajo combatiendo para un líder tribal o una milicia sectaria podría hacer la diferencia entre la vida o la muerte para individuos y sus familias” [ISJ 145, 01/15]. Sin embargo, la IST no puede negar que en esas milicias hay miles de jóvenes llegados de Europa y también milicianos que han roto con el ELS o el “Frente Islámico”. Tampoco niegan que “ISIS ha prosperado por aparentemente ofrecer a los sunitas en Irak protección de su sistemática opresión a manos de los partidos islamistas chiitas sectarios a la cabeza del Estado iraquí […] [Es atractiva] para esos que están buscando una organización poderosa y eficaz que parezca ser capaz de desafiar al imperialismo y la dictadura”. En este punto habría que detenersey preguntarles si reconocen que la mayoría de estos “sunitas” son trabajadores del campo y la ciudad.

Para los “socialistas revolucionarios” de la IST sin embargo, no es posible “tomar la misma perspectiva hacia la organización [ISIS] que la que tenemos en relación a Hamas, Hezbolá u otras fuerzas islamistas armadas. A diferencia de estas organizaciones, que a veces han provisto una ruta desviada hacia la expresión de reales demandas políticas y sociales para la gente común, la política del ISIS representa un callejón sin salida”. Es curioso este razonamiento. Para la IST, que millones de explotados reclamen el fin de la opresión sanguinaria que sufren a manos del Estado no representa una demanda política y social “real”. Por otra parte, sobre Hamas podemos decir exactamente lo mismo: que ha llevado al pueblo palestino a un callejón sin salida. El pretendido análisis marxista resultó ser nada más que una justificación vulgar de su política social-imperialista. Otra justificación es la que levantan no solo los mandelistas sino sobre todo los morenistas calificando al movimiento del ISIS como “fascista”. En otra parte ya hemos demostrado como el seudo-trotskismo ha enredado todos los conceptos marxistas en relación a este término. Para ellos fascismo es simplemente un movimiento armado ultra-reaccionario, prácticamente la definición que levantó Stalin en los 30’s. Trotsky por el contrario supo ver que su base social era la pequeña-burguesía quebrada e incluso las capas superiores e inferiores del proletariado. Esto justamente lo distingue de otras formas de reacción burguesa. En segundo lugar, el fascismo no puede representar nunca a burguesías locales ni menos a “sectas religiosas que se pelean el petróleo”. Es siempre un movimiento armado directamente por el capital financiero y por lo tanto es imposible que entre en conflicto militar consigo mismo. A menos que se crea que el “califato transnacional” del ISIS es un nuevo imperialismo.

Si el fascismo se ha levantado en Medio Oriente ha tenido que ser sostenido directamente por el capital dominante, es decir, por los EEUU y el único caso que encaja en esa definición es el del falangismo libanés (abiertamente anti-islámico) que ha colaborado militarmente con el Estado yanqui-sionista de Israel. El ISIS por el contrario llegó incluso a declarar que “a causa de las masacres que se están cometiendo contra hombres, mujeres y niños musulmanes en Gaza, el Estado Islámico hará todo lo que le esté en sus manos para seguir atacando a todo aquel que se interponga premeditadamente en su camino a Palestina”. Evidentemente esto son solo frases, su lucha anti-imperialista es tan consecuente como la de Hamas o Hizbolá. El ISIS no representa más que a una fracción de la burguesía árabe que sirve al imperialismo a su manera, montándose sobre la resistencia del pueblo iraquí y cobrando sus servicios contra-revolucionarios en oro negro. Sin embargo, la LIT-CI le coloca la etiqueta de “fascista” para poder sostener la estrategia militar de Obama en Medio Oriente. Lo que no llegamos a comprender es por qué en el caso ucraniano sí apoyaron un levantamiento armado dirigido por el fascismo diciendo que una cosa eran las milicias de base y otra la dirección, por más nazi que sea ésta. Parece que la LIT-CI está destinada a colocarse siempre en el lado equivocado de la Historia y con argumentos mutuamente opuestos.

Es evidente que una insurrección fascista no puede contar con ningún tipo de apoyo material por parte de los revolucionarios. Sin embargo, la LIT-CI utiliza este principio solo cuando le conviene. Para el caso ucraniano no, para el caso del ISIS sí (que según ellos es fascista); aquí sí importa quien dirige a pesar de reconocer que “la rebelión sunita fue capitalizada por el Estado Islámico […] Con la proclamación del Califato, el EI pasó a cuestionar directamente el gobierno Assad. A partir de allí se desarrolla la ofensiva aérea imperialista en alianza explícita con Assad” [LIT-CI.org, 7/12/14]. Partiendo de esta ubicación, la polémica sobre pedirle armas o no al imperialismo se vuelve innecesaria. Estamos en trincheras distintas. Unos con el gobierno colonial de Bagdad, otros con las milicias que lo combaten. Sin embargo, es preciso aclarar esto ya que el morenismo ha echado mucho barro sobre el asunto. En su artículo titulado “¿Exigir o no armas al imperialismo?” se puede leer lo siguiente: “sostenemos que una tarea imperiosa es impulsar la más amplia movilización para exigir en nuestros países y a todos los gobiernos del mundo, incluidos los de los países imperialistas, el envío inmediato de modernas armas pesadas, medicamentos y todo tipo de ayuda material para las milicias rebeldes del ELS y los Comités de Coordinación Locales, sin condiciones de ninguna naturaleza. Nuestra exigencia de armas no incluye a las brigadas ligadas a Al Qaeda y al Estado Islámico de Irak y el Levante, cuya visión sectaria y confesional-religiosa del conflicto las llevó a romper el frente militar contra la dictadura”. Esto fue escrito en octubre del 2013. Ahora han extendido el reclamo también para las milicias kurdas que han venido apoyando a Al-Assad en Siria y a EEUU en Irak. Señalemos en primer lugar que para la LIT-CI la “visión pro-occidental” del ELS no tiene nada que ver con la ruptura mencionada. Por otra parte, no hay forma de justificar desde el trotskismo la exigencia de armas al imperialismo que hace la LIT-CI, incluso si defendiéramos la misma trinchera.

Empecemos por una formulación elemental. La propia LIT-CI reconoce que Trotsky se opuso a que los revolucionarios votaran en el parlamento a favor de dar créditos de guerra al gobierno republicano de España cuando enfrentaba militarmente al fascismo durante la guerra civil de los 30’s. Trotsky explica esto del siguiente modo: “Nosotros no apoyamos políticamente a Negrín. Si hubiésemos tenido diputados a Cortes, hubiéramos votado contra los presupuestos militares de Negrín. Acusamos a Negrín de la responsabilidad política por su conducción de la guerra. Pero al mismo tiempo debemos rechazar a las hordas fascistas hasta que seamos capaces de tomar entre nuestras manos la política militar” [Contra el derrotismo en España, 1937]. Sin embargo, la LIT-CI llama a que el imperialismo asuma la responsabilidad política del apoyo militar a la revolución siria. Si están exigiendo que EEUU envíe armas, ¿votarían en contra de este envío si tuvieran diputados en el congreso norteamericano? Sería absurdo. Para defender su posición la LIT-CI cita también a Trotsky: “Supongamos que mañana estalla una rebelión en la colonia francesa de Argelia bajo la bandera de la independencia nacional y que el gobierno italiano, motivado por sus propios intereses imperialistas, se prepara para enviarles armas a los rebeldes. ¿Cuál debe ser la actitud de los obreros italianos en este caso? Intencionalmente he tomado un ejemplo de rebelión contra un imperialismo democrático con la intervención a favor de los rebeldes de un imperialismo fascista. ¿Deben los obreros italianos evitar el envío de armas a los argelinos? Dejemos que los ultraizquierdistas se atrevan a contestar afirmativamente esta pregunta. Cualquier revolucionario, junto con los obreros italianos y los rebeldes argelinos, repudiarían tal respuesta con indignación. Aunque al mismo tiempo estallase una huelga general marítima en la Italia fascista, los huelguistas deberían hacer una excepción en favor de aquellos barcos que llevasen ayuda a los esclavos coloniales en rebelión; de otra forma no serían sino viles sindicalistas, no revolucionarios proletarios”.

Es curiosa la manera como el reformismo tergiversa las cosas. ¿Acaso no es evidente el abismo que existe entre aceptar armas para el frente revolucionario cuando éstas son efectivamente enviadas que el hecho muy distinto de exigírselas a la burguesía? Supongamos por ejemplo que el en la misma situación planteada por Trotsky, el gobierno italiano no viera conveniente el envío de armas. ¿Se las exigimos entonces? Imagínense a los morenistas dirigiendo solicitudes al gobierno de Mussolini o de Hitler para que envíen armas a los rebeldes argelinos en bien de sus “propios intereses imperialistas”. Es que no es lo mismo la situación concreta donde los revolucionarios toman armas llegadas de donde sea que una campaña política de presión sobre los gobiernos imperialistas de mundo. Todos los ejemplos que usa Trotsky y cita la LIT-CI son en este mismo sentido. En ningún momento Trotsky ni la Cuarta Internacional llaman a exigir armas al imperialismo. Esta exigencia va dirigida a las organizaciones obreras del mundo secuestradas por el nacionalismo de la burocracia sindical. Aceptar armas enviadas de donde sea responde a una necesidad práctica concreta; no votar los créditos de guerra responde a la necesidad de combatir políticamente la democracia burguesa. Por el contrario, para la LIT-CI exigirle armas al imperialismo no responde a una necesidad práctica, sino a razones puramente políticas. Tanto es así que ellos mismos no esperan que estas armas sean de verdad enviadas. El objetivo es “desenmascarar” al imperialismo como un vil traidor a la revolución proletaria: “¿no fue unánime en toda la izquierda, en el Estado español y en el mundo, la exigencia de armas y apoyo material a la República cuando los trabajadores y el pueblo se enfrentaban a las tropas de Franco? ¿No se exigían esas armas, especialmente a Inglaterra y Francia? […] ¿No quedó para la historia su negativa a enviar ese armamento como una demostración de rechazo infame a apoyar la revolución, que terminó en el triunfo militar de Franco?”.

Es increíble el descaro de esta gente. Primero citan a Trotsky para ocultar a la vanguardia que en realidad son estalinistas. Pero inmediatamente después se apoyan abiertamente en la “unanimidad” que existía en la izquierda con respecto a esta política de presión reformista sobre el imperialismo. Evidentemente, esto era unánime en las organizaciones estalinistas y socialdemócratas que la Cuarta Internacional combatió ofreciendo incluso la vida de muchos militantes. Trotsky coloca el ejemplo de un gobierno fascista; los morenistas citan la política del reformismo con respecto al imperialismo “democrático” que ahora está representando por los EEUU. Tampoco podemos negar la unanimidad que existe hoy con respecto a esta política social-imperialista, por lo menos en la burocracia socialdemócrata de las metrópolis que también sostiene el gobierno de los falsos socialistas de Syriza en Grecia. Firmemente apoyados en la burocracia sindical brasileña de izquierda, la LIT-CI nuevamente demuestra que su política es completamente ajena a las tradiciones del proletariado revolucionario mundial. Dice que combate políticamente a la dirección del ELS y sin embargo no le atribuye ninguna responsabilidad en la ruptura del frente militar contra Al-Assad; dice no apoyar políticamente ningún tipo de gobierno burgués y sin embargo declara lo siguiente: “A pesar de la superioridad militar del EI, la resistencia kurda consiguió hacer retroceder parcialmente la ocupación de los alrededores de la ciudad. Aquí se dio un acuerdo extremadamente progresivo entre el Comando General del YPG (milicias kurdas) con el Ejército Libre de Siria, para luchar contra el EI” [LIT-CI.org, 07/12/14]. Lo “progresivo” hubiera sido que este acuerdo se hubiera hecho para combatir a Al-Assad y al imperialismo norteamericano; e incluso en este caso se tendría que denunciar todo el oportunismo y derrotismo detrás de tal acuerdo entre direcciones burguesas de la guerra.

La victoria de la nación kurda y las brigadas antidictatoriales sirias sobre el EI, un enemigo superior en número y armamento, es un soplo de optimismo y moral para los pueblos de la región”, dice la LIT-CI. ¡Falso! En la medida que la estrategia militar del imperialismo siga ganando terreno, más se fortalecerán el gobierno de Al-Assad y el de Bagdad llevando la revolución siria y la resistencia iraquí a su derrota definitiva, desenlace que también sufrirán las masas kurdas. El reformismo ha llevado a las masas de Medio Oriente a la peor situación posible para luchar, sin embargo, todavía es posible resistir y vencer. Solo combatiendo y derrotando militarmente al imperialismo yanqui, al gobierno de Bagdad y a las tropas de Al-Assad se crearán las mejores condiciones para el triunfo de la revolución proletaria y por lo tanto para la derrota de la dirección del ISIS y también del ELS. Solo así es posible que los explotados del Kurdistán conquisten su independencia y que la clase obrera se haga con el poder, llamando a los palestinos a levantarse contra el Estado yanqui-sionista de Israel, a los revolucionarios de Burkina Faso y Yemen a unir sus fuerzas, a llevar al triunfo socialista la cadena de revoluciones del Magreb de la mano de sus hermanos de clase que combaten a la burguesía imperialista en Ucrania, Grecia y España.

¡Abajo los bombardeos del imperialismo norteamericano sobre Irak y Siria! ¡Abajo la dictadura genocida de Bashar Al-Assad y el gobierno colonial de Bagdad! ¡Por la destrucción del Estado yanqui-sionista de Israel!

¡Las milicias revolucionarias deben reconquistar su unidad, deben recuperar sus organismos de autodeterminación! ¡La revolución debe triunfar en Damasco y Bagdad! ¡Abajo los acuerdos contra-revolucionarios del ELS con la burguesía kurda y el imperialismo norteamericano! ¡Hay que tomar y expropiar los pozos petroleros para financiar la resistencia anti-imperialista! ¡Por la más absoluta independencia política de los revolucionarios frente al ISIS!

¡Viva la huelga de los obreros petroleros y portuarios de EEUU! ¡Las direcciones de las organizaciones obreras de Europa, EEUU y el mundo deben romper con su política social-imperialista y organizar toda la ayuda y solidaridad posible para las milicias que combaten a EEUU en Irak y Siria! ¡Viva la lucha de la juventud explotada de Grecia, Europa y todo el mundo contra el capitalismo en bancarrota!

 

15 de Marzo de 2015

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